¡Olé, olé olé oléeee, Andrés, Andréeees...!
El teatro Metropolitan lucía semi vacío a media hora de que comenzara el concierto de Andrés Calamaro, el segundo en esta capital; poco después de las nueve de la noche no cabía un alfiler, un público conformado esencialmente por jóvenes, coreaba el nombre del gran compositor argentino, quien pronto dispondría del escenario como quien está en su casa, deleitando como si él fuera el anfitrión, a un auditorio deseoso de escuchar sus canciones. Así fue, Calamaro no decepcionó. Con una banda de dos guitarras (Julián Kanevsky y Diego García), bajo (Candy Caramelo), batería (José "Niño" Bruno) y un tecladista notable (Tito Dávila), Calamaro dio rienda suelta a sus expresiones. Desde "Los divinos", "Jumping Jack Flash" de los Rolling Stones, "Get up stand up" y "No woman no cry" de Bob Marley, las imprescindibles "El salmón", "Me envenenaste", "Los chicos" (cuyo coro hizo del Metropolitan un estadio de fútbol), ...