Público pendenciero y vergonzoso
Asistí el sábado 29 de agosto al Auditorio Nacional, las 20:00 horas marcaban en el reloj, para dar inicio a un concierto más, el tradicional recital anual de Óscar Chávez. Como ha sucedido antes, un artista invitado acompañaría al cantautor aclamado por temas como "Por ti". En esta ocasión, fue Jaime López quien haría mancuerna con Chávez, y prometía en ser una noche rotunda de lucidez, saentimiento y verdad. Empero, López, quien ha recorrido la legua gracias a una carrera de décadas de trajinar entre los escenarios más recónditos, así como por ráfagas de celebridad atendida por los medios gracias a sus incursiones en el rock ochentero, recibió una vergonzosa respuesta por parte de un público pendenciero, cuya rijosidad se animaba en la estulticia de no saber más que dos o tres canciones de Chávez. Entre gritos altaneros y chocantes por su inicua repetición mecánica, tras cada pieza interpretada inicialmente por Chávez, y sobre todo, en el espacio posterior al intermedio cub...