Viví con lejanía el proceso electoral en el Estado de México. La suerte estaba echada, y a pesar de todas las denuncias sobre las triquiñuelas de la maquinaria priísta, la oposición no logró contrarrestar los vicios que históricamente han acompañado al partido hegemónico en dicha entidad. El proceso de selección del candidato, en que contra la historia, se decantó hacia Ávila, denotó la voluntad priísta de no soltar las amarras al Estado de México, optando por un candidato con presencia estatal, aun a pesar de desistir de las ligas familiares. Peña Nieto operó a final de cuentas por Eruviel Ávila, e hizo todo lo posible, sin importar los contornos de la legalidad, por que éste ocupe la gubernatura y tape sus pifias y hurtos. Para ello contó con todo el apoyo de su partido, que movilizó recursos económicos para imponer mediáticamente la creencia de que Ávila ganaría sin duda alguna, lo que fue efectivo al desmotivar la resistencia ciudadana, con la colaboración de la ineptitud de la opo...