No pretendo ser un aguafiestas, así que, una vez pasadas las celebraciones, me permito comentar una anécdota derivada de la cena de año nuevo. Una persona no muy cercana, con la que naturalmente no tengo la confianza plena y que además no sabe bien cómo soy, me preguntó si creía que el año sería mejor; la pregunta estaba cargada de una emotividad enmarcada por una sonrisa que podría decirse contenía eso que la gente llama fé . En mi deseo por no echar a perder la festividad, opté por caer en el lugar común de responder que espero que las cosas mejoren y que todo mundo le vaya bien. La verdad es que hay elementos subjetivos para desearlo, sobre todo porque está involucrado en ello la gente que más quiero. Pero más allá del ámbito volitivo, es necesario reconocer que las cosas no cambian "magicamente" por los meros deseos que, además, suelen ser emotivamente efímeros y cargados de una carga simbólica que los favorece, pero entrando en el terreno de lo objetivamente posible, es ...