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-Irving Zeitlin

3 de diciembre de 2010

Comentarios a La libertad de ser distinto, de Óscar de la Borbolla

Comentarios a La libertad de ser distinto, de Óscar de la Borbolla

De alguna manera creo que es necesario aclarar que, dado que no soy filósofo, ni tampoco crítico literario, mi presencia aquí es en calidad de simple lector, de ese lector como habrá muchos, supongo, que lee por mero gusto y al margen del mundo intelectual. Por esta vez, un lector ordinario se cuela en el terreno de las formalidades.
Leí a Óscar de la Borbolla a inicio de los 1990s, en aquél entonces era estudiante en la Preparatoria 3, y fue un acontecimiento su visita a nuestro plantel, enmarcado por una gran expectativa creada, con plena justificación, por la profesora de literatura; lo agradable de esa charla fue una gentil confirmación a mi deseo por leer, intentado paralelamente sobrevivir a las machaconas, pero soporíferas, directrices de la educación pública. Más tarde, llegó a mis manos Asalto al Infierno, que me produjo una lectura gozosa, tanto así que se convirtió en un caballo de Troya, ya que me permitió acercarme a una muchacha que me gustaba mucho y que más tarde fue mi novia, bajo el pretexto de que conociera el libro; en aquél entonces yo creía en el amor y en la sinceridad de las mujeres. Con el tiempo, me di cuenta de que no debía ser tan ingenuo, y como bien dice De la Borbolla en el libro que nos convoca hoy: sólo la muerte nos enseña que nada es para siempre. De esa muchacha sólo me quedan hoy, buenos recuerdos y la satisfacción de que ella cuando menos conservará de mí, Asalto al Infierno, estoy seguro de que el libro, pues, quedó en buenas manos.
Me dio mucho gusto saber que ese escritor que contagió gusto por la lectura en mi juventud, acepta venir por segunda ocasión a esta Facultad. La presentación de su libro es un acto placentero, porque se trata de una obra abierta, libre, ligera, no en el sentido de carencia de profundidad, sino precisamente porque ésta la encuentra en su sencillez, en la posibilidad dispuesta para que el lector se involucre de forma personal con cada uno de los temas que aborda el autor, en esa interesante mezcla de verdades y mentiras que seguramente estarán entremezcladas a lo largo de su escritura.
Su recorrido por el olvido resulta un buen pretexto para hurgar en los olvidos de De la Borbolla, pero también, en los propios, recorriendo por los laberintos de la memoria, aquellos olvidos trascendentes como el momento en que supe de este escritor, y siendo cuidadoso de no entramparse con uno de esos olvidos que se lo ganaron a pulso. Ese recorrido, afortunadamente guido por las páginas de La libertad de ser distinto, valdrá la pena acompañarse de algunos silencios, esos que evocan muertes, esos que se delinean por los contornos del azar, el accidente, el placer y la fuga. Muertes que nos remiten a esas de las que ni al autor, ni a cada uno de nosotros seguramente, nos gusta hablar. Cada quien tendrá sus motivos, y en el caso del autor, no es la excepción. Como por otra parte se agradece el generoso desparpajo con que De la Borbolla se refiere a la mentira, mismo que seguramente es voz de muchos, incluyendo a aquellos que se han casado con la señora verdad, promesa de fidelidad eterna y hasta que la muerte los separe; pero que en su intimidad, acaso esa que requiere de una “casa más chica”, da rienda suelta a la practicidad de la mentira. Finalmente, “todas las cosas están adulteradas”, dice el autor, y al leer la página 43 no queda más remedio que encogerse de hombros y darle la razón.
Y es que la mentira es un gran auxilio para, en algunas ocasiones, ponerle cara a los deseos, y en otras, para huir de ellos. Tanto así como de esos rostros que unas veces da gusto verlos, como a esos olvidos olvidados, y no falta ocasión para también, rehuir a esos rostros que nos desagradan tanto que pueden sacar lo peor de nosotros mismos.
Hace bien el autor en hablar de la sospecha, es un tema que no goza de la predilección. Es ambiguo, se barrunta, y a veces se le subestima. La sospecha no puede sino emparentarse con las dudas, la sospecha, al final de cuentas, no deja de ser esa duda bastarda, no tiene fundamento científico, es irracional.
El autor, en ese recorrido propio, aproxima al lector consigo mismo, inevitablemente, haciéndolo reflexionar sobre sí. En ese sentido se subraya la vocación de filósofo de De la Borbolla, del filósofo que no se encierra en sí mismo, sino que desde sí recorre sobre ruedas la experiencia de vida de todo ser humano; su capacidad para tomar franca distancia de la jactancia erudita, y acompañarnos por un recorrido en que tarde o temprano, él bien lo sabe, nos hace a los lectores enfrentarnos al espejo de nuestro propio pensamiento, abriendo de par en par las ventanas de la cordialidad, e invitándonos a mirar y mirarnos a través de cada una de las páginas cargadas de humor, ironía, claridad, reflexión y profundidad. Cada uno de nosotros, sujetos abstractos en medio de la gran escenografía de lo cotidiano, tenemos algo que ver con las historia que Óscar de la Borbolla nos brinda en este agitador libro. Quien no lo conozca aún, encontrará en él, una imperdible ocasión para envolverse en la propia aventura de ser sí mismo, de ser distinto.

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