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"LA CRÍTICA NO HA QUITADO LAS FLORES IMAGINARIAS DE LAS CADENAS PARA QUE EL HOMBRE SOPORTE A ESTAS ÚLTIMAS SIN FANTASÍAS NI CONSUELO, SINO PARA QUE SE DESPOJE DE ELLAS Y RECOJA LA FLOR VIVA".

-Irving Zeitlin

12 de septiembre de 2010

El entrampamiento de la nación, ¿qué celebrar?

Frente a los excesivos esfuerzos por recobrar la confianza en un pueblo que se mengua cotidianamente ante las afrentas de una realidad cruda y desoladora, se intenta, desde el gobierno federal, y los medios de difusión de masas, restablecer el ánimo nacional con base en los festejos del bicentenario de la guerra independentista, y el centenario de la pugna revolucionaria. Me pregunto si realmente hay materia para celebrar algo, a la luz de lo que debiera ser el fondo de la discusión, ¿es México un país libre, independiente y soberano? ¿Saldó los pendientes sociales que animaron la revolución hace cien años?
México está entrampado en una combinación de múltiples factores, todos gravísimos. Está inmerso en el atraso, en la miseria y en la descomposición. Eso lo hace un país con poca perspectiva de un futuro económico, social y político venturoso.
Su atraso económico le impide ser una nación verdaderamente independiente y soberana, por ende, muestra debilidades estructurales frente a otros países, con los cuáles viene incrementando un rezago en el concurso del desarrollo de los países. México, históricamente ha sido un país débil económicamente, primero por el lastre colonial que lo situó en condiciones de explotación de su pueblo y de sus recursos para beneficio de manos extranjeras. La guerra de independencia y la revolución, poco cambiaron el problema estructural, ya que el país quedó engarzado a la economía mundial como economía de enclave, sin posibilidades para el desarrollo endógeno. Con la revolución, se dio la posibilidad de modificar de raíz esa situación, pero si bien México fue un país con viabilidad económica, gracias al esfuerzo industrializador por medio de la sustitución de importaciones, hoy en día parece estarse alejando de esa ruta. Falencias internas y un esclerosamiento político hicieron que el modelo pronto sea agotara, sin poder potenciar sus fuerzas hacia una modificación virtuosa, con base en el conocimiento y la educación. La adopción del modelo secundario-exportador, propiciado por los excesos populistas y el ascenso del neoliberalismo, dieron munición a los intentos por "modernizar" al país bajo la rectoría salinista, sin que pudiera modificarse de fondo, la condición de país subdesarrollado, por más eufemismos que nos intenten machacar hasta la adopción acrítica.
México está entrampado en la miseria, producto de una pésima distribución del ingreso, y que nos sitúa como una de las sociedades más injustas del orbe. En México, 53 millones de personas viven en pobreza, y casi 30 en pobreza extrema (alimentaria); pero al mismo tiempo, mantiene una élite oligárquica que ha encumbrado, como joya de la corona de la desigualdad, al tercer hombre más rico del mundo: Carlos Slim, como producto de una serie de políticas de Estado que le favorecieron denodadamente, ya que ¿quién era Carlos Slim antes de la adquisición de Telmex? A él se unen una serie de hombres de negocios que poco hacen por el cambio, el aprendizaje y la innovación, por el contrario, se sirven como rentistas parasitarios de una economía postrada que mantiene monopolios como fuente de riqueza fácil. Es el caso de Lorenzo Zambrano, de Cemex; de Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas, de Televisa y TVAzteca, respectivamente; de María Asunción Aramburuzabala, de Grupo Modelo; de Alberto Bailleres, del Palacio de Hierro y otras, de Roberto González Barrera, de Maseca.
Así, el panorama no es alentador, pero el nudo parece ser político, es decir, estar en el equilibrio de fuerzas que permite medrar a una clase política con el orden establecido. Si nada se cambia, los equilibrios perversos se preservan, derivando en una descomposición creciente ante la falta de legitimidad que poseen estos miembros. Los principales potentados del gran capital, mantienen canonjías avaladas por los representantes populares, quienes toleran ese trato de privilegio a los "poderes fácticos". Es urgente por ende, avanzar hacia una recomposición de la política, que permita reordenar en conjunto de esferas societales, con miras a poner la razón, el interés de las mayorías, la justicia, y el progreso. México, de no cambiar, celebrará 200 años de independencia nominal, y 100 años de una revolución estéril.

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