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-Irving Zeitlin

10 de febrero de 2010

Terna para dirigir la Facultad de Economía


El pasado 8 de febrero se publicó en la Gaceta UNAM la terna para dirigir la Facultad de Economía. Los aspirantes que la conforman son: Alejandro Álvarez Béjar, Carlos Javier Cabrera Adame y Leonardo Lomelí Vanegas.
Me referiré a ellos en orden inverso, desde mi óptica como ex-alumno de licenciatura, ex-profesor adjunto y ahora alumno del posgrado de la Facultad de Economía. La intención es expresar mis consideraciones sobre un proceso que pudo haber sido un parteaguas en la historia contamporánea de una de las Facultades más importantes de la Universidad, y que, desafortunadamente quedó como una oportunidad desaprovechada, por corresponder más a fines políticos, que académicos. Trataré de fundamentar por qué lo creo así.
El primero en este breve análisis es Leonardo Lomelí, académico joven y más que cercano, es perteneciente al grupo de Rolando Cordera, conocido como Nexos; si bien Lomelí tiene algunos méritos como buen académico, no tiene la talla propia para dirigir una Facultad de la importancia y calibre de Economía, y sobre todo, para encaminar un cambio de rumbo; su nominación parece responder más a un acuerdo político por las relaciones de Cordera con la rectoría y la junta de gobierno, que a una evaluación cabal de las trayectorias y proyectos presentados por los todos aspirantes. Al interior goza de buenas relaciones con las autoridades, pero está lejano a los estudiantes y el profesorado; exteriormente es reconocido por su conexión, o quizá sería más propio decir, su "nexo" con Cordera y su grupo, el que tendrá una injerencia mayúscula en la Facultad, de quedar Lomelí como director. Definitivamente no cumple con la altura de miras para encaminar una transformación de fondo que urge en la Facultad, pero podría compensar eso con relaciones artificiales con sectores productivos, empresariales, comerciales y un posicionamiento de la Facultad en el contexto amplio de la UNAM, del cual parece ahora discretamente alejado. Su gestión marcharía sobre los rieles de la administración sin cambios, sería continuar con las formas prevalencientes.
Javier Cabrera es gente del ex-director Guillermo Ramírez, también afines al grupo de Rolando Cordera, Cabrera es un académico discreto, más bien volcado a la burocracia de mediano nivel, y sin brillo propio; con tensas relaciones con la comunidad estudiantil y académica, parece ser casi una provocación su nominación en la terna. No hay fundamento sólido para haberlo incluído, y su posible nombramiento como director sería el peor de los escenarios, ya que implicaría la continuidad de la gris vida académica que tiene ahora la Facultad, y el afianzamiento de los grupos políticos y burocráticos que la mantienen aletargada. Es claramente una carta política de los viejos grupos que medran con los recursos de la Facultad.
Alejandro Álvarez es conocido por su ánimo político, su entusiasmo para apoyar aquellos proyectos progresistas y sobre todo, su cercanía con los grupos estudiantiles, a quienes frecuentemente apoya con su trabajo académico; es bien querido entre la mayoría del estudiantado, y es reconocido entre los profesores por su ética, profesionalismo y profundidad analítica. Es un candidato que cumple satisfactoriamente los requisitos internos para dirigir a la Facultad, aunque sin esperar cambios de fondo. Su posible problema, la animadversión que despierta su orientación política y su enfrentamiento con ciertos grupos de poder enquistados históricamente en la Facultad, a quienes explícitamente ha confrontado valientemente; lo que pudiera acarrear algunos escollos si toca sus intereses. Además, es más reconocido afuera de la Facultad por su filiación de izquierda, lo que implicaría suspicacias entre los que se dejan llevar por las apariencias, es poco el terreno para la vinculación con otros sectores como el empresarial, ya que su terreno es el académico-político. Es el candidato de las masas al interior, pero genera recelo afuera, e incluso en Rectoría. Su virtual nombramiento como director, a mi parecer, implicaría probablemente una intención de retroceso a los momentos en que la Facultad gozaba de condiciones ahora inexistentes, como una hegemonía en el terreno intelectual, académico y político. Hoy la Facultad requiere de una nueva orientación, de un nuevo perfil, y de una nueva identidad, que Álvarez no parece empujar, sino más bien una vuelta al pasado reaccionario, con el probable aislamiento de la Facultad, del entorno universitario y exterior. Cabe añadir que fue mi profesor, y guardo por él, sincera gratitud y profundo respeto.
Sin embargo, en general creo que fue una mala decisión la tomada por la Rectoría y la Junta de gobierno, las autoridades demostraron una vez más su desinterés por Economía, y la adecuación a arreglos políticos, que seguirán medrando, por desgracia, a mi Facultad querida. Queda esperar que quien resulte director, tenga en cuenta el reto perenne de cambiar inercias institucionales viciosas, que han entrampado a la Facultad en una nefasta mediocridad.

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