Bienvenido

Esta bitácora tiene como objetivo compartir algunas ideas, noticias y datos que considero interesantes en conexión con el ámbito económico, social y político.
Son bienvenidos todo tipo de comentarios, críticas y sugerencias para mejorar este espacio.
Toda expresión la emito bajo mi entera responsabilidad y en nada compromete a las organizaciones o personas con las que estoy ligado.
"LA CRÍTICA NO HA QUITADO LAS FLORES IMAGINARIAS DE LAS CADENAS PARA QUE EL HOMBRE SOPORTE A ESTAS ÚLTIMAS SIN FANTASÍAS NI CONSUELO, SINO PARA QUE SE DESPOJE DE ELLAS Y RECOJA LA FLOR VIVA".

-Irving Zeitlin

24 de febrero de 2010

Desplome de la economía mexicana.

Inegi ha dado ha conocer la caída de la economía nacional durante 2009. 6.5% es la merma que, con respecto a 2008, padeció el indicador que da cuenta del comportamiento económico, el PIB. Esta caída fue mayor al gran desplome de la crisis en 1995, que fue de 6.2%. El hecho significativo no es que resulta un dato histórico, al representar una merma mayúscula en más de 70 años. Lo importante, a mi entender, es que si bien tiene fundamento en la crisis internacional como referente de la problemática externa, igualmente se acentuó por las deficiencias internas del manejo macroeconómico en el país. Desde la frivolidad con que el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens Carstens trató el impacto externo como "catarrito", hasta las medidas procíclicas de aumentar impuestos en tiempo de crisis, hizo que el golpe desde el exterior fuera mayúsculo para México.
A diferencia de otros países, en México no se tomaron medidas contracíclicas, medidas para contrapesar los efectos negativos que experimentaban los mercados, tanto financieros como reales. La excusa de las autoridades de que todo es culpa del exterior, y que se ha iniciado la recuperación, carecen de fundamento hoy por hoy, en que se hacen evidentes las debilidades productivas, regulatorias, comerciales y financieras de nuestra economía; y hablar de una plena recuperación debe ubicarse en el marco de la profunda caída, o como dijera también Carstens Carstens, del "crecimiento negativo" del 6.5%. México requiere cambios estructurales en su economía.

16 de febrero de 2010

Nuevo director en Economía


Como era previsible, Leonardo Lomelí Vanegas fue designado director para la Facultad de Economía en el periodo 2010-2014. La decisión es controvertida ya que no pasó por los criterios académicos sino de conveniencia política. Esperemos que, a pesar de los inconvenientes advertidos, tenga una gestión adecuada.

10 de febrero de 2010

Terna para dirigir la Facultad de Economía


El pasado 8 de febrero se publicó en la Gaceta UNAM la terna para dirigir la Facultad de Economía. Los aspirantes que la conforman son: Alejandro Álvarez Béjar, Carlos Javier Cabrera Adame y Leonardo Lomelí Vanegas.
Me referiré a ellos en orden inverso, desde mi óptica como ex-alumno de licenciatura, ex-profesor adjunto y ahora alumno del posgrado de la Facultad de Economía. La intención es expresar mis consideraciones sobre un proceso que pudo haber sido un parteaguas en la historia contamporánea de una de las Facultades más importantes de la Universidad, y que, desafortunadamente quedó como una oportunidad desaprovechada, por corresponder más a fines políticos, que académicos. Trataré de fundamentar por qué lo creo así.
El primero en este breve análisis es Leonardo Lomelí, académico joven y más que cercano, es perteneciente al grupo de Rolando Cordera, conocido como Nexos; si bien Lomelí tiene algunos méritos como buen académico, no tiene la talla propia para dirigir una Facultad de la importancia y calibre de Economía, y sobre todo, para encaminar un cambio de rumbo; su nominación parece responder más a un acuerdo político por las relaciones de Cordera con la rectoría y la junta de gobierno, que a una evaluación cabal de las trayectorias y proyectos presentados por los todos aspirantes. Al interior goza de buenas relaciones con las autoridades, pero está lejano a los estudiantes y el profesorado; exteriormente es reconocido por su conexión, o quizá sería más propio decir, su "nexo" con Cordera y su grupo, el que tendrá una injerencia mayúscula en la Facultad, de quedar Lomelí como director. Definitivamente no cumple con la altura de miras para encaminar una transformación de fondo que urge en la Facultad, pero podría compensar eso con relaciones artificiales con sectores productivos, empresariales, comerciales y un posicionamiento de la Facultad en el contexto amplio de la UNAM, del cual parece ahora discretamente alejado. Su gestión marcharía sobre los rieles de la administración sin cambios, sería continuar con las formas prevalencientes.
Javier Cabrera es gente del ex-director Guillermo Ramírez, también afines al grupo de Rolando Cordera, Cabrera es un académico discreto, más bien volcado a la burocracia de mediano nivel, y sin brillo propio; con tensas relaciones con la comunidad estudiantil y académica, parece ser casi una provocación su nominación en la terna. No hay fundamento sólido para haberlo incluído, y su posible nombramiento como director sería el peor de los escenarios, ya que implicaría la continuidad de la gris vida académica que tiene ahora la Facultad, y el afianzamiento de los grupos políticos y burocráticos que la mantienen aletargada. Es claramente una carta política de los viejos grupos que medran con los recursos de la Facultad.
Alejandro Álvarez es conocido por su ánimo político, su entusiasmo para apoyar aquellos proyectos progresistas y sobre todo, su cercanía con los grupos estudiantiles, a quienes frecuentemente apoya con su trabajo académico; es bien querido entre la mayoría del estudiantado, y es reconocido entre los profesores por su ética, profesionalismo y profundidad analítica. Es un candidato que cumple satisfactoriamente los requisitos internos para dirigir a la Facultad, aunque sin esperar cambios de fondo. Su posible problema, la animadversión que despierta su orientación política y su enfrentamiento con ciertos grupos de poder enquistados históricamente en la Facultad, a quienes explícitamente ha confrontado valientemente; lo que pudiera acarrear algunos escollos si toca sus intereses. Además, es más reconocido afuera de la Facultad por su filiación de izquierda, lo que implicaría suspicacias entre los que se dejan llevar por las apariencias, es poco el terreno para la vinculación con otros sectores como el empresarial, ya que su terreno es el académico-político. Es el candidato de las masas al interior, pero genera recelo afuera, e incluso en Rectoría. Su virtual nombramiento como director, a mi parecer, implicaría probablemente una intención de retroceso a los momentos en que la Facultad gozaba de condiciones ahora inexistentes, como una hegemonía en el terreno intelectual, académico y político. Hoy la Facultad requiere de una nueva orientación, de un nuevo perfil, y de una nueva identidad, que Álvarez no parece empujar, sino más bien una vuelta al pasado reaccionario, con el probable aislamiento de la Facultad, del entorno universitario y exterior. Cabe añadir que fue mi profesor, y guardo por él, sincera gratitud y profundo respeto.
Sin embargo, en general creo que fue una mala decisión la tomada por la Rectoría y la Junta de gobierno, las autoridades demostraron una vez más su desinterés por Economía, y la adecuación a arreglos políticos, que seguirán medrando, por desgracia, a mi Facultad querida. Queda esperar que quien resulte director, tenga en cuenta el reto perenne de cambiar inercias institucionales viciosas, que han entrampado a la Facultad en una nefasta mediocridad.

4 de febrero de 2010

Premio innoble de Economía

Premio innoble de economía
Alejandro Nadal


El Premio Nobel de economía no existe. En sentido estricto, la Fundación Nobel otorgó su consentimiento para que cada año se entregue el "premio Sveriges Riksbank de economía a la memoria de Alfred Nobel". Pero ése no es uno de los cinco premios Nobel auténticos: física, química, medicina, paz y literatura.
Poco importa esta acotación, lo cierto es que desde 1969 el público y la academia se acostumbraron a escuchar hablar del premio Nobel de economía. Desde entonces, cada 10 de diciembre (aniversario de la muerte de Nobel) el rey de Suecia entrega el premio a una o más personas que han hecho una aportación importante en esta disciplina. La mayor parte de los economistas se han creído esta faramalla, como si todo este ceremonial le confiriera a la teoría económica un estatuto científico y un rigor comparable al de las llamadas ciencias exactas.
El premio fue acaparado por economistas neoclásicos, a cual más conservador. Ninguno vio venir la crisis de 2008 ni la de 2000, ni las crisis financieras de los años noventa. Así que ahora, para nivelar un poco el terreno, la asociación de economistas Real-World Economics estableció el "premio innoble de economía" para los tres economistas que más contribuyeron al colapso financiero global. A diferencia de los procedimientos de los premios Nobel, usted puede votar por su candidato y la lista de nominados aparece en el sitio rwe.wordpress.com. A continuación una breve semblanza de mis favoritos para recibir el premio este año.
Assar Lindbeck es un economista neoliberal, ultraconservador, cuyas credenciales académicas son modestas. Pero él es quien urdió la trama: convenció a los miembros de la Fundación Nobel para aprobar el proyecto de que la Sveriges Riksbank entregara la plata para los premio Nobel de economía. Y como ese premio ha sido un factor ideológico clave para mantener el prestigio de la teoría neoclásica, a pesar de tratarse de un programa de investigación decadente, Lindbeck merece el "premio de economía innoble" por encima de muchos otros economistas neoliberales que son más conocidos.
Robert Lucas es autor de la teoría de las expectativas racionales y contribuyó al surgimiento de la nueva macroeconomía clásica, recuperando los principios del pensamiento macroeconómico anterior a Keynes. En su teoría, los agentes económicos forman expectativas sobre las variables que influyen en sus decisiones de manera racional. Las fluctuaciones cíclicas sólo se producen cuando los agentes reaccionan a cambios no anticipados en las variables que afectan sus decisiones.
La conclusión de todo esto es que las medidas de política macroeconómica perfectamente anticipadas por los agentes no tienen efectos sobre los agregados de producción y empleo, ni siquiera a corto plazo. El corolario es que hay que dejar a los mercados en paz. ¿Le suena familiar?
A finales de noviembre de 1994 y a sugerencia de Hugo Sonnenschein, Bob Lucas (quien era director del Departamento de Economía) me invitó a comer en el Quadrangle Club de la Universidad de Chicago. Recuerdo que hacia el final de la comida, hablamos sobre economía mexicana y le comenté que el déficit en la cuenta corriente era insostenible y que pronto estallaría una crisis. Lucas respondió que le parecía una opinión muy pesimista. "El presidente Salinas sabe bien lo que está haciendo", me dijo al despedirnos. Tres semanas después estaba explotando la crisis de los "errores de diciembre".
Al siguiente diciembre, en 1995, Lucas recibió el premio Nobel de economía. Su ex esposa, Rita, había insistido en insertar una cláusula en su contrato de divorcio en 1988, estipulando que en caso de que su ex marido recibiera el premio Nobel dentro de los siguientes siete años, a ella le tocaría la mitad del dinero. ¡Vaya que si sabía de expectativas racionales!
Mis otros candidatos son Fischer Black y Myron Scholes. Ambos desarrollaron el modelo Black-Scholes para determinar precios de títulos financieros como resultado de un proceso estocástico. Black murió en 1995, pero puede recibir el "premio innoble de economía" a título póstumo. El modelo Black-Scholes se hizo célebre cuando el fondo de coberturas Long Term Capital Management (LTCM) cayó en bancarrota en 1998. Este fondo recurrió a técnicas de arbitrajes y fuerte apalancamiento para operar en mercados financieros. El modelo B-S fue uno de sus instrumentos más importantes, aunque no pudo prever los efectos de las crisis financieras de Asia en 1997, y la rusa en 1998. Como resultado, el LTCM se desangró y tuvo que liquidar posiciones en una coyuntura negativa. Cuando el fondo quebró, muchos bancos importantes quedaron expuestos y la Reserva federal de Nueva York tuvo que entrar al rescate con 3 mil 600 millones de dólares. No fue un final feliz.
La subcultura de los premios, la fama y el éxito es algo enfermiza. Por eso cuando se observa el alcance que ha tenido el premio Nobel de economía en la campaña ideológica del neoliberalismo viene a la memoria aquella frase clave de Pier Paolo Pasolini: "el éxito es la otra cara de la persecución".

http://www.nadal.com.mx

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