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"LA CRÍTICA NO HA QUITADO LAS FLORES IMAGINARIAS DE LAS CADENAS PARA QUE EL HOMBRE SOPORTE A ESTAS ÚLTIMAS SIN FANTASÍAS NI CONSUELO, SINO PARA QUE SE DESPOJE DE ELLAS Y RECOJA LA FLOR VIVA".

-Irving Zeitlin

11 de enero de 2010

Retos económicos para 2010: inflación


Al inicio de este año todo mexicano se ha topado con un problema tradicional: la cuesta de enero. Casi tan emblemáticas como las posadas, las cenas de navidad y de año nuevo o los juguetes y la rosca de reyes, son las filas en las casas de empeño como recurso al que recurren miles sino que millones de mexicanos en los primeros días de enero; pagar las deudas y reponerse del consumo excesivo, son la razón lógica. Sin embargo, en este año el problema se agudiza y no sólo aqueja a quienes viven desmesuradamente las fiestas gastando más de lo debido. No olvidemos que a fines de diciembre el nuevo secretario de Hacienda nos regaló sendos aumentos a la gasolina, como recordatorio de que las prioridades están centradas en las variables macroeconómicas y la recaudación de ingresos, más que en el bienestar de la gente. Esto ha tenido un impacto drástico sobre la inflación, ya que ha disparado aumentos de precio en varios productos básicos y servicios, que acompañan a los aumentos en tarifas a servicios que ofrecen los diferentes gobiernos, desde el federal a los locales, y al incremento en los impuestos.
La inflación, pues, aparece como un gran problema para este año, y a pesar de las declaraciones del nuevo gobernador de Banxico, Agustín Carstens Carstens en torno a no modificar, en el corto plazo las tasas de interés, su orientación fondomonetarista da elementos para creer que tarde o temprano teminará por subir las tasas, con el consecuente encarecimiento del crédito. Esto tiene como consecuencia que el dinero se encarece, contratar deuda tanto productiva como para el consumo tiene incrementos, y es parte del fenómeno inflacionario: el precio del dinero también se eleva.
El encarecimiento del crédito contrae la inversión, ya que pedir dinero se hace más costoso, lo que frena o inhibe la inversión productiva; la creación de empleos, tan necesaria en nuestro país se limita, y muchos micro y pequeños empresarios, ante el encarecimiento generalizado de impuestos, insumos (la gasolina y otros energéticos tienen un efecto dispersor inmediato) y crédito, no sólo no abren nuevas vacantes, sino que es común el cierre de plazas y el incremento en la intensidad del trabajo para aquellos que lo conservan.
Por ende, el desempleo seguirá siendo un serio problema para nuestra economía, y más que un simple indicador, es el que de manera más cruda se manifiesta en efectos humanos lamentables: desesperanza, pobreza, criminalidad, informalidad, agresividad, etcétera.
Ante ello, muchos de mis alumnos suelen preguntar en clase sobre las razones por las que esto no se corrije. En mi punto de vista, esto tiene que ver con la orientación general de la economía; es decir, la concepción que descansa en el modelo económico que prevalece, el cual, atiende las variables macroeconómicas de corto plazo, sin entender que para lograr una ola de crecimiento de mediano y largo plazos exige, trascender la mirada puesta sólo en los "equilibrios macroeconómicos".
A mi entender, habría que reconsiderar la forma en que se asume la inflación, ya que esta no sólo es efecto de un problema monetario, como sostiene Friedman, quien asume que la inflación es derivada de un exceso de demanda; esto es, la gente tiene "demasiado" dinero y al querer consumir a un ritmo más acelerado que la producción, hace que la demanda crezca más rápido que la demanda. Si, como cree Friedman, MV = PT, donde M es la masa monetaria, V la velocidad del dinero, P el nivel de precios y T el número de transacciones, se eliminan al equivaler V y T, por lo que nos queda M = P; así, la masa monetaria es igual al nivel de precios, y si queremos bajar p, debemos mermar a M.
Esto es parcialmente correcto, y aplica a economías como la estadounidense, en ciertas circunstancias; pero extender la validez de este modelo a todo fenómeno inflacionario, es erróneo. La escuela económica estructuralista, sostiene, creo con acierto, que la inflación no siempre es un fenómeno monetario, sino que es producto también de la escasez de oferta, es decir, al débil crecimiento de la producción.
Una economía que no crece, no genera demanda por debilitarse su mercado interno. La gente no compra y los productores no venden. Las mercancías se estancan en los almacenes y genera caída en las ventas, y en los ingresos de los fabricantes y comerciantes. Estos no pagan los mismos impuestos al gobierno y éste ve caer sus ingresos también. Si gobiernos y empresarios quieren obtener mayores ingresos en medio de un mercado deprimido, suben los impuestos o bien los precios. Esto es lo que pasa actualmente.
Pero esto no corrige la economía, ni frena la espiral inflacionaria. Por el contrario, alienta lo que la escuela de la oferta llama la inflación inercial, que se da cuando la gente cree que los precios subirán y "se adelanta", subiendo los precios antes que los otros. Un ejemplo. Si un productor cree o tiene la certeza de que la gasolina subirá, y que ello incrementará sus costos, tiene la opción a) mantener sus precios y absorber el mayor costo, o b) subir también su precio. Esto se vuelve una cadena, y la inercia de inflación de generaliza.
En una economía que no crece, y que, además, está en manos de monopolios y oligopolios coludidos, como México, la oferta se estrecha e impide que la demanda pueda expandirse. No es que haya "demasiado dinero", es que no hay actividad económica.
Esto, entre otros temas, son los que deben reconsiderarse para corregir a profundidad nuestras muchas falencias económicas. Lamentablemente, la miopía de los conductores de nuestra política económica les impide atender otras ideas que no son las que recibieron dogmáticamente en sus estudios en Estados Unidos.
Para que la inflación ceda, debe alentarse el crecimiento, de otra forma, sólo será contenida temporalemente, sin una correción estructural.

2 comentarios:

  1. Yo también creo que el monopolio ha destruido la economía mundial, pero la gente también tiene la culpa, ellos prefieren comprar de las supertiendas, de esos inmensos moles, y desprecian el trabajo del artesano, del taller pequeño. Si la gente comprara sus muebles en una carpintería del pueblo, si optaran por comprar sus productos en una bodega pequeña, en pocas palabras: si amaran a su prójimo como a ellos mismos el cantar sería otro.

    Es preocupante el incremento del desempleo, del trabajo informal, de los revendedores e intermediarios, y es de angustia porque los productores cada vez son menos, el mundo se ha convertido en un gran oligopolio y eso se traduce en una dictadura financiera internacional.

    Llegará un punto en que la demanda será muy pequeña en los sectores bajos [que son la mayoría] la ausencia de empleo será el germen del saqueo, del vandalismo de supervivencia en todo el mundo, es ahí que las masacres serán el pan de cada día.

    ¡Fuerza México!

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  2. Coincido contigo Salvador, la lógica inherente del capital tiende a la concentralización y centralización, amasándose la oferta en grandes consorcios; las oportunidades para los pequeños productores se minan, y en efecto, la demanda se orilla a los grandes capitales. Esto tiene que ver con los medios publicitarios, la batalla de precios menores, la fascinación fetichizada por la gran producción en masa de diseño industrial, y refuerza la tendencia concentradora y centralizadora.
    Te gradezco el tiempo que tomaste en visitar esta bitácora. Un saludo, MH.

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