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"LA CRÍTICA NO HA QUITADO LAS FLORES IMAGINARIAS DE LAS CADENAS PARA QUE EL HOMBRE SOPORTE A ESTAS ÚLTIMAS SIN FANTASÍAS NI CONSUELO, SINO PARA QUE SE DESPOJE DE ELLAS Y RECOJA LA FLOR VIVA".

-Irving Zeitlin

7 de enero de 2010

Perspectivas para 2010



Sé que el tono agorero fastidia en estas fechas. Recomendaciones, rituales, falsos gurúes y una enorme ridiculez acompañan a cada inicio de año. Empero, sin ese afán, creo que es importante una reflexión acerca de este año tan esperado por varios simbolismos. En primer lugar, es imposible sustraerse al escándalo en torno a las empalagosas y fatuas "celebraciones del bicentenario". Llama la atención cómo se crea una expectativa frívola pero abstracta en torno a una fecha que debió haber marcado la ruta de nuestro país como nación independiente, y justamente a dos siglos de su inicio, estamos en condiciones de un magro avance en ese terreno, no sólo frente a otras naciones, sino sobre todo ante el sujeto abstracto que se cierne sobre esta y muchas otras naciones como lo es el capital de influencia transnacional (de hecho podríamos decir que todas las naciones padecen de esta dependencia, pero se subraya su hegemonía sobre las subdesarrolladas). Las decisiones centrales se toman con base en los intereses de los grandes potentados nacionales y extranjeros que definen la ruta de nuestros bienes nacionales, de nuestra riqueza, y de paso, de nuestro presente y futuro. Las prácticas del pasado, con su saga de nostalgia y respeto, poco importan cuando se trata de hacer algo rentable, sin importar la mescolanza ramplona de sujetos televisivos con pretensiones de cantores y rituales prehispánicos; el asunto es medrar el bolsillo de incautos visitantes ignorantes.
Parece haberse olvidado que la gesta independentista ponía en el centro de la discusión la posibilidad de tomar decisiones con base en el bienestar de los habitantes originarios de esta tierra, tanto aborígenes como nacidos aquí derivados de un complejo mestizaje. Nuestro pueblo, 200 años después no ha superado la lógica de las castas; sigue siendo una sociedad profundamente clasista, que a diario discrimina y margina a los desposeídos, que siguen sin tener las oportunidades para desarrollarse en el marco del sentido que el mundo ha definido en su ruta de bienestar humano. Los escalafones internacionales en desarrollo humano nos ponen en la amarga realidad de la mediocridad y el hambre que padecen decenas de millones debiera avergonzarnos.
Menos estridencia recibe el centenario de la revolución, quizá por ser más reciente, quizá por saberse una revolución traicionada, prostituida por un partido que se arrogó las metas más elevadas moralmente de la

lucha, y pretendió fracasadamente "institucionalizarlas" bajo un control decimonónico, el cual se desvirtuó desde su mismo comienzo. Ahora, que la revolución institucionalizada claramente manifiesta su decandencia, sigue un reparto injusto de la tierra, en manos de aquellos que jamás la trabajan pero junto con los campesinos la explotan; ahora que son tiempos donde los poderosos se empeñan en privatizar las riquezas naturales en extinción; ahora que el analfabetismo sigue siendo amenazante bajo el yugo de un sindicato nefasto cuya lidereza controla a su antojo a quien debiera ser el primer mandatario de un pueblo oprimido y no un administrador de intereses privados, empeñado en demostrar la fuerza que jamás tendrá.
Todos estos factores, sumados a la sempiterna injusticia social que deriva del hambre, la miseria y la marginación, son el marco que soporta el oropel de las celebraciones mentadas. Pero no debiera olvidarse que, desde hace poco más de una década, se viene alertando desde diferentes palestras, acerca de ese México bronco, profundo, incomprendido para los de arriba, que pudiera despertar. En lo personal soy escéptico acerca de un levantamiento armado ahora, en la supuesta secuela 1810-1910-2010. Esa mecánica resulta fruto de fastidio generalizado en que nos encontramos como sociedad, hartos de la mendacidad con que los corruptos líderes se conducen. El descrédito de los partidos políticos y de la política como actividad pública, la desconfianza frente al mercado, el temor ante el desempleo, etcétera, son elementos que debieran tenerse en cuenta a fin de resarcir los pendientes del país.
Por eso creo que, en medio de beneplácitos abstractos, la crisis concreta terminará por hacer sentir todo su peso y desvanecer las distracciones mediáticas. No parece que será este un buen año en lo social, como por desgracia tampoco lo será en lo económico ni el lo político.
Sólo me queda desear que los sujetos tengamos en la esfera íntima, la privada, la personal, esa del "mundo de la vida", momentos agradables, en medio de paz y serenidad.

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