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"LA CRÍTICA NO HA QUITADO LAS FLORES IMAGINARIAS DE LAS CADENAS PARA QUE EL HOMBRE SOPORTE A ESTAS ÚLTIMAS SIN FANTASÍAS NI CONSUELO, SINO PARA QUE SE DESPOJE DE ELLAS Y RECOJA LA FLOR VIVA".

-Irving Zeitlin

14 de agosto de 2009

La economía mexicana y sus conductores

"Estamos en un shock financiero". Esta es la expresión de las autoridades mexicanas para definir la crítica situación en la que se halla nuestra economía. Me parece que el problema es algo más complejo que esto.
Nadie ha podido estar al margen de los efectos de la crisis internacional, que se ha sumado a la crisis estructural que agrava a la economía mexinana desde que el modelo neoliberal se impuso a la población, en 1982. Es claro que la situación económica de México está lastimada, pero no es simplemente por la crisis externa, sino por la debilidad estructural interna. Ante esto, se han debilitado las endebles bases que sostenían nuestra economía, por ejemplo, el sector externo, que, al depender en extremo de la marcha de Estados Unidos, y cimentarse en manufacturas de poco valor agregado y derivadas de la mano de obra barata, se han colapsado ante la crisis y la recesión en el país del norte.
Por otro lado, esto mismo castiga a los migrantes quienes, huyendo del fracaso económico doméstico, buscaron su porvenir allende las fronteras, y desde allá, han mantenido a comunidades enteras vía las remesas, que se parangonan con el ingreso petrolero, dejando detrás las divisas derivadas del turismo. Las remesas, con la crisis estadounidense, se han ido a pique, y con las mismas, la economía de miles (o millones) de familias en México.
A su vez, la misma crisis global ha mermado el ingreso de diversos comodities industriales, entre ellos el petróleo, que se haber estado muy elevado los dos años anteriores, ahora está en un precio regular que implica una merma para los ingresos fiscales proyectados oficialmente. Esto ha venido agudizando una gran grieta estructural de la economía interna, a saber, el esquema fiscal que por décadas ha sangrado a contribuyentes cautivos que sostienen el grueso de los ingresos por impuestos de la Hacienda nacional. Pocos pagan mucho, y la amenaza es que se subirán impuestos, lo que será una medicina sumamente amarga para estos contribuyentes, como burócratas, profesionistas indendientes, o medianas empresas. La estructura fiscal en México es desigual e injusta, ya que al mismo tiempo otorga prerrogativas a las grandes empresas oligopólicas, las cuales, aprovechando lagunas y canonjías legales a modo, pagan muy pocos impuestos, o decididamente además de no contribuir conforme a su ingreso real, reciben devoluciones prontamente transferidas por el secretario Carstens.
La alternativa de subir impuestos sería por demás contraproducente, ya que en un mercado interno plenamente fracturado por la recesión, con décadas de abandono y con una crisis de empleo brutal, significaría mermar el ingreso disponible de las familias que sostienen la desigual carga fiscal.
Por otra parte, encarecer bienes cuyo precio se controla por el gobierno como la gasolina, sería otra sinrazón, ya que desataría una espiral inflacionaria igualmente lastimosa para quienes menos tienen, agudizando el círculo vicioso que constriñe el ingreso y la calidad de vida de la mayoría de la población, de ingresos menguados.
Además, la otra opción preferida por los neoliberales, ha sido el recorte al gasto público, lo que sonaría lógico si se tratara de gasto superfluo, como el que el gobierno federal derrocha para sostener su ostentosísima campaña propagandística. Empero, el problema es que de facto, se recortan programas sociales vinculados al combate a la pobreza, la educación, la salud o la vivienda. Es decir, en la óptica neoliberal, hay que recortar lo que beneficia a la gente, so pena de mantener las comodidades de una alta burocracia parasitaria e ineficiente.
Así, pues, el panorama es más complejo que un simple shock financiero, la problemática es estructural. Estamos literalmente ante la quiebra de muchos municipios del país, lo que pone en jaque la viabilidad ya deteriorada de una buena parte del territorio nacional. La quiebra del Estado, es consecuencia de décadas de mala administración, de subejercicios en el gasto, de la corrupción escandalosa de los gobiernos tecnócratas, así como de los privilegios otorgados al gran capital industrial y a la oligarquía financiera transnacional.
Por ende, la solución no se hallará en los contornos de la imaginación de quienes han administrado pésimamente los recursos nacionales; exige, por el contrario, un cambio en la alta burocracia, esto es, un cambio en el gobierno, que sin duda pasa por un cambio político, que sólo puede ser fruto de un cambio en la conciencia social e histórica de nuestro pueblo. Es por esto que me parece que la gravedad es mayor en alcance y complejidad, a un mero "shock", como lo enuncia quien nos diagnosticó la crisis global, como un "catarrito".

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