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"LA CRÍTICA NO HA QUITADO LAS FLORES IMAGINARIAS DE LAS CADENAS PARA QUE EL HOMBRE SOPORTE A ESTAS ÚLTIMAS SIN FANTASÍAS NI CONSUELO, SINO PARA QUE SE DESPOJE DE ELLAS Y RECOJA LA FLOR VIVA".

-Irving Zeitlin

19 de octubre de 2009

¿Cambio de modelo?


He leído algunos pronunciamientos en torno al cambio de modelo económico. Esto no debería ser sorpresa para quien, como yo, es cercano a las posiciones críticas, sean de izquierda o no, en torno a la marcha de nuestra economía. Lo interesante es que comienzan a manifestarse voces discordantes con la estrategia oficial, entre las mismas cúpulas empresariales, las cuales durante mucho tiempo, acaso desde la época de Luis Echeverría, no se atrevían a cuestionar las directrices marcadas por los encargados de dirigir nuestra economía, al menos abiertamente.
Durante años, si no es que décadas, los economistas críticos hemos estado a favor de una modulación del modelo que atienda el crecimiento económico, la creación de empleos formales estables y bien remunerados, así como ampliar al gasto en infraestructura de gran calado y sobre todo, de invertir decididamente en educación y tecnología. En recientes declaraciones, el empresario Carlos Slim se ha adherido a esta posición (El Financiero, 19 de octubre de 2009). Asimismo, es central diversificar nuestro comercio exterior, a fin de depender menos del mercado estadounidense. No carece de importancia el rescate del campo mexicano, que se encuentra en condiciones lánguidas desde los setenta.
Comprendo la importancia de mantener finanzas públicas sanas, así como de fortalecer nuestro sistema financiero con miras de ampliar las posibilidades crediticias de segmentos sociales tradicionalmente marginados. Empero, estos imperativos han sido no solamente dogmatizados, sino aplicados ruinosamente. Las finanzas públicas se encuentran en condiciones críticas, como lo evidencia la crisis fiscal que agobia a muchos municipios y estados del país, a lo cual hay que sumar la crisis por efectos "externos" como la influenza o la escasez de agua. Igualmente, se ha esgrimido que el asalto a la Compañía Luz y Fuerza del Centro está respaldado en inefectividad financiera y de operación, lo que mermaba las finanzas públicas.
Por otro lado, en México el sistema financiero no se encuentra fortalecido sino concentrado en unas organizaciones que abusan flagrantemente de los usuarios de estos servicio, sin que la Condusef, como encargada de respaldar a los consumidores de estos servicios, mueva un dedo. Comisiones onerosas, malos cobros, engaños en contratos y una atención grosera contra los consumidores, son algunas de las prácticas cotidianas de quienes tenemos que, obligadamente, recurrir a los bancos. Pero la concentración no se reduce a su poderío por los servicios con que se vinculan, sino también a la concentración financiera en los mercados bursátiles, los que mueven activos de poco menos de cien empresas en todo el país. Por ende, la modernización financiera ha quedado muy corta, y sólo ha servido para acumular poder en unos cuantos.
Así, el cambio de modelo debe ir más allá de las simples reformas de mercado, debe rebasar la mirada cortoplacista que se afana en mantener las "finanzas públicas sanas y la estabilidad macroeconómica", a mi entender, se debe revolucionar la estructura económica-política que ha acunado al país las últimas dos décadas y media, por medio de la generación de empleos y la reactivación del mercado interno, que permita incentivar la inversión productiva y no la especulativa. Ello exige de un Estado fuerte, sólido que sea capaz de disciplinar al gran capital, que se carcome nuestro potencial de crecimiento, y asimismo, dejar de lado los viejos dogmas fondomonetaristas que defienden los burócratas onerosos de Hacienda.
Actuar en favor de los empresarios seguirá siendo una muestra complaciente de corto plazo, que sólo ahondará el riesgo de conflictividad social, en un país con tantos rezagos como el nuestro. El empobrecimiento de millones de mexicanos, la imposibilidad de movilidad social, así como el futuro inviable de las nuevas generaciones, bien merece un cambio profundo del modelo económico.
No al 2% más de impuestos

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