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"LA CRÍTICA NO HA QUITADO LAS FLORES IMAGINARIAS DE LAS CADENAS PARA QUE EL HOMBRE SOPORTE A ESTAS ÚLTIMAS SIN FANTASÍAS NI CONSUELO, SINO PARA QUE SE DESPOJE DE ELLAS Y RECOJA LA FLOR VIVA".

-Irving Zeitlin

2 de marzo de 2011

Solidario amigo, aromático y oscuro

Hoy, como casi todas las mañanas, desperté con ganas de tomar café. Reconozco que pocas cosas me son tan cotidianas, y a la vez tan extraordinarias, como el café. Tomo café a diario, y cuando es posible, con frecuencia más allá de la hora. Es una suerte de ritual preparar mis primeras tazas al despertar. Si tengo tiempo, muelo los granos yo mismo, a mi entero gusto, para que quede bien concentrado y despierte el aroma profundo. Si no hay tiempo, ni modo, recurro a la bolsa del café ya molido y a la cafetera sin grandes preámbulos.
Lo tomo solo, negro, y eso me hace pensar siempre, en lo que una querida compañera me decía, "tomas el café, así como tú eres"; y ella compartía mi gusto por el café así que nos acompañó silenciosamente como testigo sereno de nuestro adiós.
Es interesante todo lo relacionado al café. Los diferentes tipos, los aromas, las formas de prepararlo, los productos derivados como la miel de café con que aderezo mis hot cakes.
Me agradan los cafés capuccino, irlandés o expresso, pero rehuyo al instantáneo (generalmente no es café, sino garbanzo, como la "cosa" que vende nestlé). Pero mi elección básica es la más simple, la que no eligen los "de moda": el café americano (no con connotaciones gringas, sino porque se ha tomado así en América desde antiguo).
Soy asiduo al de Chiapas, de Oaxaca y de Guerrero, pero el que nunca me falla es el veracruzano, el de Córdoba. Cuando viajo a Veracruz regreso siempre bien surtido de licor de café, miel de café, dulce de café, y de éste en grano y molido.
Al café le debo los pocos momentos de lucidez que debo procurar para desempeñar algunas de mis tareas. Es imprescindible para que lleguen esos momentos de concentración que a veces achacamos a una musas danzantes al compás del humo que va y viene, caprichosamente entre los derroteros de la imaginación y la creación.
Hoy, y con el sano pretexto de las lluvias, tomo café mientras preparo mi exposición para una evaluación doctoral. Venga un buen sorbo.

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