Bienvenido

Esta bitácora tiene como objetivo compartir algunas ideas, noticias y datos que considero interesantes en conexión con el ámbito económico, social y político.
Son bienvenidos todo tipo de comentarios, críticas y sugerencias para mejorar este espacio.
Toda expresión la emito bajo mi entera responsabilidad y en nada compromete a las organizaciones o personas con las que estoy ligado.
"LA CRÍTICA NO HA QUITADO LAS FLORES IMAGINARIAS DE LAS CADENAS PARA QUE EL HOMBRE SOPORTE A ESTAS ÚLTIMAS SIN FANTASÍAS NI CONSUELO, SINO PARA QUE SE DESPOJE DE ELLAS Y RECOJA LA FLOR VIVA".

-Irving Zeitlin

23 de abril de 2009

¿Falló la ciencia económica o los economistas?

Lorenzo Meyer
23 Abr. 09

Más que la teoría económica, fue el grueso de los economistas los que fallaron. Pero una minoría reivindica a su disciplina

Predecir la crisis

¿Cómo explicar que habiendo tantos doctorados en economía, el estallido de la nueva Gran Depresión Mundial haya tomado por sorpresa a casi todos los profesionales del ramo? Aquí en México, por ejemplo, quien está al frente de la Secretaría de Hacienda tiene un doctorado en economía de la justamente prestigiada Universidad de Chicago, y ese personaje nos aseguró hace apenas unos meses que si la economía norteamericana llegara a tener gripe, una economía mexicana bien cuidada por un equipo de tecnócratas bien pagados, apenas sufriría un "catarrito".

Bueno, el resultado no ha sido ése. Hoy, el gobierno se ha visto obligado a abrir una línea de crédito con el FMI por 47 mil millones de dólares más una línea "swap" por 30 mil millones de dólares con la Reserva Federal norteamericana para apuntalar un peso muy tambaleante por la caída en las exportaciones y en las remesas recibidas. Las cifras del INEGI nos dicen que el sector manufacturero ha caído ya 16.1 por ciento a tasa anual, que pese al compromiso electoral de crear un millón de empleos al año, el desempleo va en aumento y el Colegio de Economistas pronostica una caída del PIB del 5 por ciento para este año (Reforma, 15 de abril).

Hoy, el consuelo de los economistas del gobierno mexicano -que no de los mexicanos- pudiera ser que su mal es de muchos, pues sus contrapartes norteamericanos no han hecho mejor papel. El famoso Alan Greenspan, por ejemplo, jefe de la Reserva Federal de Estados Unidos entre 1987 y 2006 y llamado por muchos "the maestro", se equivocó de cabo a rabo en su manejo de la tasa de interés, en su despreocupación ante el surgimiento y expansión de "burbujas" como la hipotecaria y en su irresponsable confianza -basada más en ideología que en realidades- sobre el compromiso de "autorregulación" de las grandes instituciones financieras. Como todos sabemos, los grandes del crédito de ese mundo -Lehman Brothers, Bear Stearns, Goldman Sach, Merrill Lynch, AIG, Morgan Stanley, Wachovia, Citigroup, etcétera- especularon hasta reventar y la "autorregulación" resultó ser, en el mejor de los casos, un concepto vacío y, en el peor, un engaño criminal.

Ciencia

La incapacidad de predecir de los economistas hoy le está costando al mundo entero billones de dólares -el cálculo del Fondo Monetario sobre las pérdidas financieras es de más de 4 millones de millones (billones en español, trillones en inglés) de dólares-, una cadena interminable de quiebras, millones de empleos desaparecidos y la frustración del futuro de una parte sustantiva de los jóvenes que en países ricos y pobres debieran estar entrando a laborar para empezar a ser los "arquitectos de su propio destino" pero que hoy tienen cerradas las puertas del mercado.

Alguien puede alegar que la falta no es realmente de los economistas sino de la ciencia económica que, como el resto de las ciencias sociales, está muy lejos de poseer exactitud en la definición de sus conceptos e hipótesis. Se puede argumentar en su descargo que pese a la aparente sofisticación de la econometría -que permitió a los economistas y tecnócratas reclamar sitio aparte en las ciencias sociales-, realmente sus supuestos básicos, como el de la competencia o la información perfectas, la racionalidad en el proceso de elección y otras, siempre fueron irreales. En suma, que la culpa no es de Ambrosio, sino de su carabina.

Mucho hay de imperfección en la economía como ciencia, pero pese a las fallas del instrumento siempre hubo un grupo de economistas, entre los que destacan Paul Krugman y Joseph Stiglitz, quienes empleando las mismas herramientas teóricas que sus colegas predijeron, en tiempos y términos adecuados, que la crisis venía. Particularmente interesante es el caso de Ravi Batra, un economista hindú formado en Escuela de Economía de Delhi y en la Southern Illinois University y que actualmente es profesor en la Southern Methodist University, en Dallas.

Batra, según algunos de sus admiradores, hace tiempo que debió de haber recibido el Nobel de economía, pero justamente por haber anunciado de tiempo atrás la crisis en que hoy se encuentra el sistema económico mundial y sus razones en al menos dos libros -Greenspan's Fraud (Palgrave, 2005) y The New Golden Age: The Coming Revolution against Political Corruption and Economic Chaos (Palgrave, 2007)-, fue mal visto por el grueso de los profesionales de la economía. Examinando las ideas de Batra, es posible suponer que quizá la incapacidad de predicción del problema que hoy afecta a la economía mundial no se encuentra tanto en la ciencia económica misma sino en los economistas que la practican.

La idea central de Batra, tomada de uno de sus maestros en India, es que para hacer equivalente la oferta con la demanda -punto central de la teoría del equilibrio en el sistema económico- un aumento en esa oferta, cuyo origen es el incremento en la productividad del trabajo, debe ser compensado con un aumento equivalente en el incremento de la demanda mediante el alza de los salarios reales. Sin embargo, por años eso no ocurrió porque el grueso de los economistas en posición de poder, y siguiendo a Greenspan, argumentó en contra de un aumento en los salarios reales (consideraron que era inflacionario) y se salieron con la suya (en valor constante, el salario mínimo por hora en Estados Unidos era de 10 dólares en 1969 y de menos de 7 dólares en 2008).

Ahora bien, como los beneficios del aumento de la productividad se fueron para el capital y no para el trabajo, la única manera de evitar la crisis y hacer que la oferta igualara a la demanda fue suplir la ausencia de aumento en los salarios reales con diferentes formas de crédito, con endeudamiento.

La tarea principal de Greenspan desde su posición de poder fue facilitar hasta el extremo la posibilidad de más y más crédito bajando las tasas de interés e inyectando confianza en los mercados con su discurso. Con dinero barato en Estados Unidos, los consumidores de todas las clases sociales, excluyendo apenas a los realmente pobres, siguieron comprando casas, autos, muebles y toda clase de bienes de consumo, pero a crédito, endeudándose. De ahí el peculiar fenómeno de instituciones que ofrecían incluso a desempleados líneas de crédito para adquirir casas sin tener que pagar nada en el inicio. La industria de la construcción creció como la espuma y arrastró a la economía.Y no sólo fue Greenspan el que alentó el endeudamiento como forma de vida en el país vecino del norte. Entre países también lo hizo China, al financiar el creciente déficit comercial norteamericano mediante la compra masiva de bonos del Tesoro de Estados Unidos para alentar en ese país la adicción a importar sin exportar en la misma proporción.

El crecimiento vía deuda no puede ser permanente, en algún momento la realidad alcanza a las personas y a los países que sistemáticamente consumen más allá de lo que pueden pagar. Y justamente eso le ocurrió a Estados Unidos en el 2008. Y en su caída arrastró al resto del mundo, en particular a uno de sus principales socios comerciales: México.
El fondo
En esencia, el análisis de Batra sostiene que dar a los asalariados el beneficio de los aumentos de la productividad no es sólo un asunto de justicia social, que lo es, sino también de buena teoría económica. Batra predijo que alrededor del año 2000 habría un gran crash en el mercado accionario; acertó, pero como no se hizo nada al respecto y luego hubo una falsa recuperación -simplemente se abarató aún más el crédito pero se mantuvo el esquema de todas las ventajas para el capital y castigo al trabajo-, entonces el terreno quedó preparado para la gran depresión del 2008, la actual.

Ojalá Batra también sea certero en su pronóstico sobre el futuro, en ese que señala que de las cenizas de un capitalismo basado en una distribución brutalmente inequitativa de los beneficios del crecimiento económico puede surgir un sistema diferente, más apegado a la realidad y a la justicia. Claro que esa transformación no se dará de manera automática, el capital va seguir defendiendo sus privilegios y se necesita que los afectados traduzcan su justa indignación en energía política y que ésta encuentre el liderazgo que la transforme en una fuerza constructiva.

Esto pareciera estar sucediendo ya en Estados Unidos, con el resultado de la última elección y el liderazgo de Barack Obama. Sin embargo, por ahora en México no hay nada equivalente al cambio que está teniendo lugar en el país vecino. Los mexicanos seguimos avanzando en el túnel; ojalá pronto veamos alguna luz que indique la posibilidad de una auténtica salida.

19 de abril de 2009

Rolling Stones - Paint it Black

Para la comunidad estonsónama... una clásica. Y citando a José Agustín en su célebre Hotel de los corazones solitarios, a las fregonsísimas piedras: "... los admiro más, porque sé por experiencia cuán difícil es conservarse fiel a uno mismo y, como dice el I ching, saber cambiar sin perder la naturaleza esencial".

1 de abril de 2009

¿Hacia una nueva economía?

Este jueves 2 de abril comienza, en Londres, la reunión del G20*, grupo de países desarrollados que incluye a algunas de las economías llamadas eufemísticamente "emergentes". En esta ocasión, la discusión liderada por Barack Obama y los principales líderes políticos de Europa (esencialmente los de Inglaterra, Francia y Alemania), habrán de tomar decisiones para fijar un rumbo a la turbulenta economía mundial. No es raro hallar expresiones positivas, optimistas e incluso ansiosas acerca de esta reunión. A reserva de animar aún más la categorización de mi "pesimismo", creo pertinente tomar relativa distancia de este tipo de actos. Este tipo de reuniones cada vez resultan más, un espacio de lucimiento público, que incluso, como en el caso de nuestro país, resulta insulso por la nimiedad de las posturas que manifiesta quien se ostenta en el poder; es por ende, poco probable que puedan resolverse los problemas, si antes no hay voluntad de plantear bien los dilemas.
Esta crisis tiene un origen financiero basado en los excesos del capital-dinero en su búsqueda por acrecentar su valorización, y cuando los límites de la producción dejaron de serle rentable, el capital-dinero procuró hasta la desmesura, la valorización bajo la forma más “fetichista” a decir de Marx, consistente en la creencia de invertir en dinero que hace dinero. Esta es, la manera que además de fetichista, también la que hace del crédito, capital ficticio; en tanto que, a diferencia del crédito que apoya la creación de valor real, esto es nueva riqueza que concurre al mercado y que se corresponde con trabajo detrás de su hechura, el capital ficticio no se vincula con la producción de riqueza concreta, sino que simplemente estimula la inflación de activos ya creados con los que se trafica especulativamente, incrementando de forma espuria, el valor de unos activos que no se condicen con los medios para acceder a ellos, porque no hay detrás de sí un proceso de trabajo que genere las posibilidades de consumo; lo que se hace más difícil, evidentemente, con esa inflación de los activos bursatilizados en los mercados financieros.
Como fruto de las obturaciones financieras, que han impactado de lleno a la economía productiva, se manifiesta una crisis de confianza, la cual no se la logrado restituir, una vez que las respuestas han sido de momento insuficientes y poco esclarecedoras, ya que, de hecho, las perspectivas son cada vez menos halagüeñas y nadie puede vislumbrar a ciencia cierta si auténticamente "ya tocó fondo" la crisis, o resta lo peor. En medio de esta crisis de confianza, el crédito está detenido, no fluyen los recursos y echar a andar la maquinaria, sin el combustible crediticio, es imposible; esto es, lo que Keynes llamaba la "trampa de la liquidez". Aun, las deudas de las empresas, desde los grandes corporativos hasta las pequeñas unidades, es un problema que se agravará en el futuro inmediato una vez que la crisis "aterrizará" tras haberse diferido unos meses, pero la situación es impostergable y afectará desde las finanzas particulares de las empresas, hasta a los consumidores y sobre todo al empleo, ya que es evidente que esta crisis está sangrando (de nuevo) a la clase trabajadora.
En la medida de las decisiones políticas, los instrumentos de política económica se acercan peligrosamente a un límite franco, ya que bajar las tasas de interés no parece estar funcionando plenamente, ya que, contrario a la receta de los libros de texto, no se restituye el crédito a la economía real, agudizando la "trampa de la liquidez" y que puede crear un problema inflacionario ante la expansión monetaria; lo que nos recuerda de inmediato la experiencia japonesa de finales de los 1990s.
La otra posibilidad está en la política fiscal, a través de programas de gasto que en Estados Unidos han significado el compromiso de inmensos recursos a costa de los contribuyentes, sin la necesaria garantía de proyectos que incentiven la productividad y la modernización tecnológica y el cuidado medioambiental, como se evidencia en el caso del rescate al sector automotriz estadounidense. Por otro lado, la disminución de impuestos es una medida que en condiciones de normalidad, estimula el consumo, pero esa medida se frena en parte por el problema del desempleo que castiga a millones de personas en todo el mundo, y que a decir de las perspectivas inmediatas de la OIT, seguirá empeorando. De tal suerte, las medidas expansivas de política fiscal también tienen serios límites que deberán sortear los tomadores de decisiones a nivel global.
Esta situación ha animado a China a proponer la sustitución del dólar como moneda de intercambio internacional por antonomasia, en favor de una moneda global constituida con base en una canasta de monedas que le dé al FMI atribuciones regulatorias opuestas a las que prevalecen de momento. No obstante, esta medida ha sido rechazada de inmediato por Estados Unidos, que implica, de suyo, un veto a la idea que no prosperará en el G20, dado el peso que aún tiene el coloso de Norteamérica.
Ante estas condiciones, se revela con nitidez, la necesidad por un lado, de restablecer la confianza en la economía, para que el crédito vuelva al mercado y a financiar la producción, ya que, como suele decirse, es la sangre que permite que funcione el organismo material de la economía. Esta parece ser la apuesta de Estados Unidos frente a la reunión de Londres. Por otro lado, esta la posición europea (de fuerte impulso franco-alemán) de regular a los mercados financieros, los que han en gran medida patrocinado el auge de los políticos que ahora buscarán hallar soluciones a la crisis. Tarea colosal, que considero, podrá ser acaso, el inicio de un proceso más amplio de reconfiguración de la economía mundial, con base en una concientización paulatina de que seguir por los mismos derroteros sólo habrá de agudizar la crisis.
Pero eso requiere de condiciones favorables derivadas de una conciencia social a escala global, de que es imposible continuar por esta ruta, lo que implica una reconsideración de paradigmas que, como el neoliberalismo, se arraigaron profundamente con base en una educación formal e informal de quienes toman las decisiones en el mundo real.
Así, pues, la regulación de la esfera especulativa de la economía exige cambios de una catadura imposible de generarse en los próximos días en Londres, durante la reunión del G20, en la que veremos algunas escaramuzas entre Estados Unidos y Europa, por comandar la reconfiguración de la economía mundial. Esperemos simplemente que ahí se logren algunos consensos para dar inicio a los cambios más amplios que implican esa nueva forma de pensar la vida económica, y de hecho, la vida misma; que dé la pauta a que podamos hablar, fidedignamente, de una nueva economía.

* Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Japón, Francia, Italia, Rusia, China, Suráfrica, Arabia Saudita, Australia, Brasil, Argentina, Canadá, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquia

No se equivoca Obama

El Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, manifestó que "... los carteles de la droga tienen mucho poder, están minando y corrompiendo a grandes segmentos de la sociedad mexicana y así él (Calderón) los ha tomado de la misma manera en que, usted sabe, Elliot Ness enfrentó a Al Capone durante la prohibición (del alcohol), lo que frecuentemente causa más violencia. Y estamos viendo que eso estalla..." [El Financiero, 31-03-09, p. 49].
En México, somos poco receptivos a la crítica desde afuera. Se generan de inmediato, posturas exageradamente nacionalistas para cuestionar los señalamientos exteriores que no son lisonjeros de nuestra condición. Pero en este caso particular, no le falta razón a Obama, ya que es evidente que la estretagia federal de combate al crimen organizado ha sido un fracaso notorio, los millones de muertos, el acrecentamiento de la inseguridad y la obsecación de mantener esa postura, evidencian que la ruta no es nada exitosa. Así, habría que discutir con mayor seriedad los límites de una campaña militar que mucho tiene de campaña político-mediática para evidenciar una supuesta firmeza del gobierno, así como una exhibición de fuerza que no solo tiene como receptor al crimen organizado, sino al conjunto de la sociedad. Combatir a balazos al crimen organizado, no ha inhibido a éste, pero sí ha causado temor e incertidumbre entre la sociedad. No es desechable la idea de que este segundo, es el fin de tan mediocre y sangriento medio.
Obama acierta también al reconocer, igualmente, que en Estados Unidos hay un problema serio de consumo y de tráfico de armas para dar munición al crimen organizado en México, el cual ha rebasado a las instituciones locales, y que da materia para discutir con rigor y sin chovinismos, la tesis de que México es un Estado fallido. Estar perdiendo de manera evidente la guerra de balazos, debe motivar una meditación seria, y una ulterior correspondencia en las acciones a tomar.

Entradas populares

Seguidores

Buscar este blog