Bienvenido

Esta bitácora tiene como objetivo compartir algunas ideas, noticias y datos que considero interesantes en conexión con el ámbito económico, social y político.
Son bienvenidos todo tipo de comentarios, críticas y sugerencias para mejorar este espacio.
Toda expresión la emito bajo mi entera responsabilidad y en nada compromete a las organizaciones o personas con las que estoy ligado.
"LA CRÍTICA NO HA QUITADO LAS FLORES IMAGINARIAS DE LAS CADENAS PARA QUE EL HOMBRE SOPORTE A ESTAS ÚLTIMAS SIN FANTASÍAS NI CONSUELO, SINO PARA QUE SE DESPOJE DE ELLAS Y RECOJA LA FLOR VIVA".

-Irving Zeitlin

29 de diciembre de 2009

¿Vacaciones?

Estoy molido, esto de las vacaciones es el momento para sacar a flote un montón de tareas que uno deja para después, ...y el despúes llegó; los arreglos a mi casa, entre pintar, cambiar cortineros, hacerle al plomero, al carpintero, al electricista... y entre los ratos lo cotidiano como preparar la sopa y la ensalada, aunque como hoy, de plano a veces las faenas me rebasan y sólo pido una pizza. En fin, las vacaciones me gustan más bien por eso, por que uno se aleja un poco, solo un poco, de las cifras macroeconómicas y las desesperanzas asociadas a los gasolinazos semanales y casi diarios que nos recetan los doctos doctores en economía, que han fracasado por tres décadas, pero en fin... me estoy acercando de nuevo al tenebroso mundo del estrés.
Lo bueno de las vacaciones también es que uno se levanta a la hora que quiere.
Buen 2010 para todos.

9 de diciembre de 2009

Reto, llenar los zapatos de Ortiz: Carstens



CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión.com) — El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, reconoció este miércoles la labor de Guillermo Ortiz al frente del Banco de México (Banxico) y dijo que será un reto llenar sus zapatos.

En un una entrevista con Radio Fórmula, Carstens dijo que Ortiz es su amigo, colega y tiene un gran respeto por la labor que ha realizado al frente del banco central por 12 años.

Esta mañana el presidente mexicano, Felipe Calderón, propuso a Carstens para fungir como nuevo gobernador de Banxico, en sustitución de Guillermo Ortiz, y a Ernesto Cordero, actual titular de la Secretaría de Desarrollo Social, lo puso al frente de la Secretaría de Hacienda.

De ser ratificado por el Senado de la República, Carstens sustituirá a Ortiz, quien concluirá su segundo periodo al frente del Banxico el 31 de diciembre próximo.

En entrevista con Joaquín López Dóriga, el ex titular de la SHCP indicó que las políticas implementadas por Banxico ayudaron a evitar el contagio de las grandes crisis.

El nominado a gobernador no consideró necesario cambiar el mandato de la entidad para incluir el crecimiento económico.

Señaló que el objetivo prioritario del banco central es promover la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, lo que en principio no representa un conflicto con el crecimiento económico del país.

"Pienso que no es necesario cambiar el mandato porque hay respaldo muy abundante en el sentido de que una cosa no está peleada con la otra", dijo Carstens.

Con información de Reuters

Carstens a Banxico

Agustín Carstens ha dicho que de niño soñó con llegar a las Grandes Ligas de Béisbol en Estados Unidos, pero después del anuncio de Felipe Calderón sobre la sucesión en el Banco Central, el ex subdirector Gerente del Fondo Monetario Internacional podría alcanzar otra liga si el Senado aprueba que esté al frente del Banco de México.

A finales de la década de los ochenta y después de conseguir su Maestría y Doctorado, ambos en Economía, en la Universidad de Chicago, Agustín Carstens llegó al banco central donde ocupó los cargos de jefe de Gabinete de la oficina del Gobernador, subgerente y tesorero.

Su trabajo en Banxico y su tiempo en Hacienda durante la presidencia de Vicente Fox, atrajo la atención del Fondo Monetario Internacional en el que se desempeñó como subdirector gerente durante tres años.

Luego de que Felipe Calderón fuera electo presidente, nombró a Carstens coordinador del programa económico del equipo de transición y después titular en la Secretaría de Hacienda.

Su papel al frente de la dependencia fue controvertido, entre otras cosas, por ser protagonista en la controversia por el paquete económico 2010, que se caracterizó por un aumento sustancial de impuestos.

Carstens, de 51 años, es uno de los hombres de confianza de Calderón, a quien acompañó desde la carrera proselitista como coordinador económico hasta que fue designado secretario de Estado en el 2006 cuando asumió el mandatario.

Al funcionario le tocó manejar la economía por un camino sin asfalto y sufrir la peor crisis desde 1930, cuando el coletazo de la recesión y la caída en la demanda en Estados Unidos -el mayor socio comercial de México- castigó al país.

Y se convirtió en blanco de críticas cuando entonces dijo que la crisis le provocaría "un catarrito" al país y "no una pulmonía como antes". Poco después lamentó haber usado esa expresión.

Sin embargo, fue elogiado por su manejo de la crisis y en medio del declive en las exportaciones y producción petrolera, fue previsor y contrató una cobertura este año que le permitió embolsar a México 70 dólares por cada barril de crudo exportado, pese a que el precio de su canasta de exportación es mucho menor.

Otro de sus logros durante su gestión fue una reforma al sistema de pensiones, que fue considerada por los especialistas como uno de los cambios más importantes estructurales de México en la última década.

Entre sus responsabilidades como secretario estuvo diseñar dos reformas fiscales para fortalecer las finanzas del país, que fueron diluidas por el Congreso y luego consideradas insuficientes para sanear la hoja de balance de México.

Pero en casa es menos popular que en el exterior, después de que los mexicanos lo criticaran por intentar convencer de las bondades del aumento de impuestos.

Después de la última reforma aprobada este año, la agencia Fitch bajó en noviembre su calificación de deuda soberana de México a "BBB" desde "BBB+", asegurando que el alza en los impuestos no sería suficiente para enfrentar las presiones fiscales esperadas por la menor producción petrolera y la debilidad de la economía.

Antes de que Fitch redujera su nota, Carstens había dicho que el descenso no sería bueno, aunque tampoco sería "un desastre" para México.

Todavía su nombramiento debe ser aprobado por el Senado mexicano, cuyo periodo ordinario de sesiones concluye a mediados de diciembre.

Carstens está casado con la economista y escritora estadounidense Catherine Mansell, que publica libros bajo el seudónimo de C.M. Mayo.


En mi opinión, este nombramiento, que se acompaña del posicionamiento de Ernesto Cordero de Sedesol a Hacienda, representa un paso atrás en la ruta de la recomposición de la política económica en México. Significa un giro ortodoxo que restringirá las posibilidades de recuperación, a frenar la expansión monetaria, encarecer por consecuencia el crédito, frenar la inversión productiva y todo bajo el supuesto del combate inflacionario. Carstens Carstens fue formado en Chicago, es un Chigago boy en toda la extensión de la palabra, un protegido de Francisco Gil, neoliberales de cepa, a quienes les interesa más la estabilidad de variables abstractas y el sostenimiento de intereses particulares bien afianzados en la élite del poder, a costa de la depauperación de las mayorías, crecientemente menesterosas. Malas notcicas para Banxico. Además, está el riesgo de restar autonomía a este organismo, una vez que Carstens Carstens se ha vuelto un incondicional de Felipe Calderón, y juntos se enfrentaron a Guillermo Ortiz; la política monetaria se manejará de nuevo en Los Pinos, y ya hemos visto cómo nos va con este dúo. Carstens Carstens ha hecho un desastrozo papel en Hacienda, y ahora irá a Banxico a curar con sus remedios ortodoxos, problemas que exigen soluciones heterodoxas.

Pero son peores aún, las noticas para Hacienda. Otro joven pendenciero, de los varios que abundan en el PAN, Ernesto Cordero, de penosa actuación en el combate a la pobreza, y metido en un debate pueril por sus declaraciones en las que mandaba al premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, a "leer un poco más de economía", dan cuenta de su incapacidad y soberbia. Lo veremos pronto, al que le urgen lecciones de a deveras de economía es al señor Cordero, ya que recibe una economía en ruinas, y definitivamente no tiene este sujeto la capacidad ni la voluntad para corregir las tropelías de Carstens Carstens. Al tiempo.

PD: Nos resta la última esperanza, que el Senado frene el cargo de Carstens Carstens frente a Banxico, pero en México las esperanzas se diluyen en las quiméricas aguas de la fé.

2 de diciembre de 2009

Un juanete en el DF

Recién he terminado la faena clásica de fin de semestre, que consiste en la combinación frenética pero estimulante, tensa pero dinámica de presentar la evaluación semestral en el doctorado, así como las calificaciones a los grupos que tengo a mi cargo. Ya sin la presión de los tiempos, aprovecho la ocasión para comentar algunos puntos de la coyuntura frívola pero reveladora de nuestra política nacional.
En primer término, me refiero al tema "juanito", así con minúsculas, ya que el personaje no da la talla para algo más. El señor Acosta, alias "juanito", es una muestra de la descomposición de la política nacional. Es fruto de un proceso enturbiado por la participación del Tribunal electoral del Distrito Federal en las disputas mezquinas a las que nos tiene acostumbrados el PRD, que, lejos de sostenerse como opción de izquierda y progresismo, ha degenerado en la búsqueda por posiciones de poder en medio de la lógica patrimonialista del mismo. Así, pues, "juanito" fue la válvula de escape para sacar adelante la candidatura de Clara Brugada frente al impedimento legal impuesto por el Tribunal. La salida fue una rebuscada y tenebrosa terciarización de Acosta, quien supuestamente ganaría con base en el apoyo que tenía la candidatura de Brugada, animada particularmente por el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador. La gente que mayoritariamente votaría en Iztapalapa por Brugada, se vio en la "curiosa" situación de tener que hacer ganar a Brugada votando por Acosta, para vencer a Oliva, quien se "apropió" de la boleta con el nombre de Brugada. ¿Kafkiano? ...Creo que hemos rebasado ese plano.
El señor Acosta protestó ante una muchedumbre hacer valer su palabra y renunciar una vez ganada la delegación. Así lo hizo pero tras una fuerte presión y en medio de amagos por pisotear la poca credibilidad que alguna vez pudo tener este sujeto. En la ceremonia de protesta al cargo, se dio su ridícula manifestación en contra de su otrora partido, el del Trabajo, con la tristemente risueña expresión de "muera el PRD...el P... PT traidor".
El señor Acosta, luego de 59 días de licencia, entró a la delegación por la ventana, como un ladrón, y se enquistó en un puesto que, en sesncia no le pertenece, por más que jurídicamente le sea propio. Es un problema de ilegitimidad de origen, cuando López Obrador cometió el error de confiar en un tipo sacado de la nada, sin preparación, sin ideas, y que, subido en el tabiquito de la atención de las televisoras y el panismo defeño, se siente importante. Pobre tipo.
El problema de fondo es que ni Acosta ni Brugada tienen la legitimidad para permanecer en la delegación, por lo que debiera esperarse una expresión de prudencia y madurez política de la Asamblea de Representantes en el DF, y lograr una solución definitiva, al margen de la rapacidad de Brugada, de la estupidez de Acosta, y de la mezquindad panista, la mano detrás de Acosta. Triste panorama el que nos ofrece una clase polítca que no exige preparación sino componendas e intereses frívolos para formar sus cuadros, Acosta adolece del "mal de Zavaleta", Ruth, aquella que se dejó agarrar la pierna (políticamente hablando, que conste), y ahora Acosta se deja hacer de todo por tan aviesos sujetos del PAN como Federico Doring y Mariana Gómez. Qué pena.

20 de noviembre de 2009

AUMENTA LA POBREZA EN MÉXICO: CEPAL

AL reduce la pobreza; en México aumenta
En dos años, este fenómeno se elevó en 3.1 puntos porcentuales, mientras que en Latinoamérica bajó; México es la nación en que la tendencia de la desigualdad va al alza.
La recesión económica tuvo su mayor impacto en México.

ESPECIAL
El mundo en crisis
Por: José Manuel Martínez
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión.com) — La recesión económica mundial tuvo uno de sus mayores impactos en México, cuya caída propició que fuera la única nación en la que se incrementó el número de personas en pobreza en dos años, reveló la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La crisis financiera internacional no fue pretexto para que varias naciones latinoamericanas avanzaran en el combate a la pobreza, incluso se observa una evolución positiva.

Tan sólo en Colombia se registró una baja de 4 puntos porcentuales; en Brasil, Perú y Uruguay, con datos de zonas urbanas, la incidencia de la pobreza se redujo en al menos 3 puntos porcentuales; en Costa Rica y Paraguay lo hizo en más de 2 puntos porcentuales, mientras en Panamá y Venezuela se registró una disminución de un punto porcentual.

"El único país en el que se registró un empeoramiento en la situación de la pobreza fue México, cuyo incremento de 3.1 puntos porcentuales entre 2006 y 2008", dijo la CEPAL, en el Panorama Social de América Latina.

México se encuentra además entre los países con mayor tasa de pobreza respecto a su población, cercana al 50%, nivel similar o comparativo al de El Salvador, Perú y República Dominicana, y lejos de los niveles de Argentina, Chile, Uruguay y Costa Rica que tienen tasas inferiores a 22%.

Indigencia

La indigencia mostró un aumento generalizado en la región, sólo Brasil, Paraguay y Perú lograron reducciones en sus indicadores, en torno a un punto porcentual.

Este avance contrasta con los aumentos registrados en Ecuador, México, Panamá, República Dominicana y Venezuela, de entre 1.4 y 2.5 puntos porcentuales, y con los de Costa Rica y Uruguay, que resultaron muy leves.

En Colombia la indigencia creció en 2.7 puntos porcentuales entre 2005 y 2008, equivalentes a un aumento anual de 0.9 puntos.

La mayor tasa de indigencia se debe principalmente al incremento en los precios de los alimentos, señaló la CEPAL.

Tan sólo en México en los últimos 24 meses los precios de los productos de consumo básico aumentaron 12.4% según el Banco de México, mientras que el promedio de los precios al consumidor aumentó 10.5% e n el mismo periodo, mientras que se sumaron más de un millón de desocupados.

Todos estos aspectos han hecho, incluso, que México sea el único país de la región que "presentó una clara tendencia al deterioro distributivo, con un aumento de 1.2 puntos porcentuales en la brecha (de desigualdad)", concluyó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

19 de noviembre de 2009

México no supo manejar la crisis: Stiglitz

El Universal

El premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, afirmó que el desempeño de México en el manejo de la crisis ha sido uno de los peores en el mundo y, en cambio, países como Australia y Brasil fueron los que mejor la enfrentaron, ya que tuvieron una reacción gubernamental "muy fuerte", así como un reglamento bancario que hizo que su sistema financiero soportara las dificultades.

"Las estadísticas de crecimiento han sido muy débiles y pesimistas para este país; la combinación de una recuperación muy débil para Estados Unidos y una política fiscal que no estimule la economía mexicana es preocupante".

Una de las causas de la crisis global fue la inadecuada regulación de los bancos, y México vivió una dificultad similar provocando que el desarrollo fuera lento, ya que no tuvo la capacidad de financiar a las pequeñas y medianas empresas para involucrarse en el comercio internacional. "Para minimizar los efectos negativos, la inversión en tecnología, educación e infraestructura ayudará a estimular el desarrollo y crecimiento de la economía a corto y largo plazos".

Sobre el impacto del aumento de los gravámenes, como el Impuesto al Valor Agregado (IVA) o el Impuesto Sobre la Renta (ISR), que entrarán en vigor en 2010, dijo que será muy negativo en la economía.

Advirtió que Estados Unidos no generará la demanda suficiente para que la economía mexicana se recupere, por lo que nuestro país necesita pensar en otra alternativa estratégica para la recuperación.

"La posición de México ante la crisis es inusual, no tiene muy fuerte estímulo, es relativamente débil el estímulo", calificó el investigador de la Universidad de Columbia en un evento organizado por Grupo Mexicana y Grupo Posadas.

En contraste, países como Australia, que fue el primero del mundo desarrollado en salir de la recesión, aplicó "fuertes" medidas a través de un paquete de estímulos "bien definido", destacó el Nobel.

Pero México aún es dependiente del comportamiento económico en Estados Unidos, lo que representa un riesgo. "Mucha gente espera que la recuperación de Estados Unidos sea la estrategia (para la recuperación), pero México necesita una alternativa".

Consideró que el país requiere inversiones amplias, no sólo en infraestructura, sino en tecnología, educación, incluso programas de bienestar que mejoren las oportunidades de vida de los ciudadanos.

Para Stiglitz es imprescindible que las exportaciones mexicanas encuentren otro nicho de mercado distinto a Estados Unidos, donde uno de cada seis ciudadanos carece de un trabajo de tiempo completo y por lo tanto, existe un pesimismo general sobre la fuerza de su recuperación. "La única fuente de crecimiento real está en Asia", afirmó el Nobel.

21 de octubre de 2009

La política del absurdo

Este 21 de octubre, en medio de una presión política y mediática fue aprobada la ley de ingresos 2010 que aumenta a 16% el IVA, a 30% el ISR y que aumenta el gravámen en 3% más a telecomunicaciones, incluyendo a como la internet, y asimismo, aumenta a 3% el impuesto sobre depósitos en efectivo (IDE), a partir de 15 mil pesos. Esto repercutirá negativamente en la economía, ya que como sabe todo aquél que tenga nociones acaso básicas de Economía, representa una política clara de contracción económica. En economía hay momentos, etapas referidas al ciclo económico, y en torno a ellas los gobiernos pueden actuar en un sentido contrario para aminorar el impacto de los vaivenes; es esto lo que los economistas llamamos políticas "contracíclicas" justo por ir en sentido contrario a la dinámica del ciclo; así, cuando éste va hacia la baja, lo recomendable es bajar los impuestos a fin de ayudar a la reactivación de la ecocomía, cuando las cosas van a la baja, esto es, caen las ventas, la producción, la inversión, el empleo, el poder adquisitivo, el consumo y de ello se deriva un cículo vicioso. En esos momentos, lo recomendable es hacer uso de la política monetaria y fiscal, para contravenir la caída de las variables macroeconómicas.
En cuanto a la política monetaria, se debe bajar la tasa de interés, ya que como precio del dinero, esto ayuda a que el crédito se abarate y pueda ser más accesible a posibles inversiones, esto puede hacerse incrementando la oferta monetaria, para financiar proyectos productivos. La otra palanca de la política económica es la herramienta fiscal, que debe incrementar el gasto público en obra que redunde productivamente y cree empleos, es decir, no gastar en propaganda gubernamental, sino en infraestructura, educación, modernización tecnológica, etc; la otra posibilidad es justamente bajar impuestos, con miras a que la población (familias y empresas) cuenten con un mayor ingreso disponible que circule en el flujo de la economía mediante consumo o inversión. Con estos elementos, se espera que la economía "se caliente" en el momento en que se congela. El lector puede revisar fácilmente las medidas de las principales economías ante la crisis desatada el año pasado, y notará que han hecho uso de estas prácticas económicas.
Sin embargo, los "habiles" tecnócratas que se han enquistado en la conducción de la política económica en México desde 1982 a la fecha (sin distingo de colores partidistas), para mostrar su "ingenio y creatividad" han hecho todo lo contrario, en sentido opuesto a lo que se hace con prudencia en el mundo, han subido impuestos, anuncian recortes al gasto en sectores tan necesarios como la educación, y ante un mercado crediticio víctima de bancos extranjeros rentistas, prácticamente liquidan las posibilidades de inversión para el siguiente año.
Con esto, se está encadenando la economía para que no crezca, se obliga a la sociedad a pagar impuestos que redundarán en un gobierno federal ocioso, obeso e ineficiente productiva y financieramente (¿habría que liquidarlo?), mismo que ha demostrado opacidad en tiempos que se tuvo excedentes fiscales por el alza en el precio internacional del petróleo.
El momento de aumentar impuestos, señores egresados de universidades privadas y ostentosas, es cuando el ciclo económico va hacia el alza, para aminorar las expectativas que pudieran ser desorbitadas y evitar el riesgo de un "sobrecalentamiento económico". Ahí es cuando se reduce el gasto, se encarece el crédito y se suben impuestos. Con decisiones como la Ley de Ingresos para 2010 sólo prolongarán la recesión e impedirán que México, en algún momento, pueda salir de su mediocridad económica. En la Universidad Nacional pueden aprender algo de Economía, bienvenidos cuando gusten.

19 de octubre de 2009

¿Cambio de modelo?


He leído algunos pronunciamientos en torno al cambio de modelo económico. Esto no debería ser sorpresa para quien, como yo, es cercano a las posiciones críticas, sean de izquierda o no, en torno a la marcha de nuestra economía. Lo interesante es que comienzan a manifestarse voces discordantes con la estrategia oficial, entre las mismas cúpulas empresariales, las cuales durante mucho tiempo, acaso desde la época de Luis Echeverría, no se atrevían a cuestionar las directrices marcadas por los encargados de dirigir nuestra economía, al menos abiertamente.
Durante años, si no es que décadas, los economistas críticos hemos estado a favor de una modulación del modelo que atienda el crecimiento económico, la creación de empleos formales estables y bien remunerados, así como ampliar al gasto en infraestructura de gran calado y sobre todo, de invertir decididamente en educación y tecnología. En recientes declaraciones, el empresario Carlos Slim se ha adherido a esta posición (El Financiero, 19 de octubre de 2009). Asimismo, es central diversificar nuestro comercio exterior, a fin de depender menos del mercado estadounidense. No carece de importancia el rescate del campo mexicano, que se encuentra en condiciones lánguidas desde los setenta.
Comprendo la importancia de mantener finanzas públicas sanas, así como de fortalecer nuestro sistema financiero con miras de ampliar las posibilidades crediticias de segmentos sociales tradicionalmente marginados. Empero, estos imperativos han sido no solamente dogmatizados, sino aplicados ruinosamente. Las finanzas públicas se encuentran en condiciones críticas, como lo evidencia la crisis fiscal que agobia a muchos municipios y estados del país, a lo cual hay que sumar la crisis por efectos "externos" como la influenza o la escasez de agua. Igualmente, se ha esgrimido que el asalto a la Compañía Luz y Fuerza del Centro está respaldado en inefectividad financiera y de operación, lo que mermaba las finanzas públicas.
Por otro lado, en México el sistema financiero no se encuentra fortalecido sino concentrado en unas organizaciones que abusan flagrantemente de los usuarios de estos servicio, sin que la Condusef, como encargada de respaldar a los consumidores de estos servicios, mueva un dedo. Comisiones onerosas, malos cobros, engaños en contratos y una atención grosera contra los consumidores, son algunas de las prácticas cotidianas de quienes tenemos que, obligadamente, recurrir a los bancos. Pero la concentración no se reduce a su poderío por los servicios con que se vinculan, sino también a la concentración financiera en los mercados bursátiles, los que mueven activos de poco menos de cien empresas en todo el país. Por ende, la modernización financiera ha quedado muy corta, y sólo ha servido para acumular poder en unos cuantos.
Así, el cambio de modelo debe ir más allá de las simples reformas de mercado, debe rebasar la mirada cortoplacista que se afana en mantener las "finanzas públicas sanas y la estabilidad macroeconómica", a mi entender, se debe revolucionar la estructura económica-política que ha acunado al país las últimas dos décadas y media, por medio de la generación de empleos y la reactivación del mercado interno, que permita incentivar la inversión productiva y no la especulativa. Ello exige de un Estado fuerte, sólido que sea capaz de disciplinar al gran capital, que se carcome nuestro potencial de crecimiento, y asimismo, dejar de lado los viejos dogmas fondomonetaristas que defienden los burócratas onerosos de Hacienda.
Actuar en favor de los empresarios seguirá siendo una muestra complaciente de corto plazo, que sólo ahondará el riesgo de conflictividad social, en un país con tantos rezagos como el nuestro. El empobrecimiento de millones de mexicanos, la imposibilidad de movilidad social, así como el futuro inviable de las nuevas generaciones, bien merece un cambio profundo del modelo económico.
No al 2% más de impuestos

14 de octubre de 2009

¡Alto al ataque contra Luz y Fuerza del Centro!


La decisión tomada el pasado 10 de octubre, al calor de los festejos mediocres por un partido de fútbol, descara la faz medrosa del actual gobierno federal. El asalto violento, pese a que "nadie salió lastimado", involucra aspectos sumamente preocupantes para la vida pública mexicana y el estado de derecho al que aspiramos. Enviar por delante a la policía federal preventiva y luego, decretar la liquidación de Luz y Fuerza del Centro, ha sido una afrenta contra varios ámbitos de la vida social. Se ha lastimado el derecho, ya que las atribuciones que se arrogó Felipe Calderón son desorbitadas, ya que la decisión debía pasar por el tamiz del Congreso de la Unión, y para esto cito al connotado constitucionalista Raúl Carrancá y Rivas. En segundo orden, se violentó la vida sindical al desmantelar por la fuerza una querella sindical en la que el plan del gobierno fracasó, y como medida para atajar a un sindicato combativo y, extraña casualidad, aliado en varios movimientos con Andrés Manuel López Obrador, se liquida la empresa, a la cual, se acusa de operar en condiciones pésimas... sólo que la administración financiera no compete a los trabajadores, sino al propio gobierno federal, ya que no se trata de una cooperativa. En tercer término, ha sido un golpe a la vida política, ya que lanza un mensaje muy diferente al que los medios de difusión de masas nos ha presentado vergonzosamente; a saber, que supuestamente se ataca a sindicatos corruptos que han amasado cotos de poder, pero vale la pena reflexionar en que las conquistas, exageradas o no, logradas por un sindicato, no pueden darse sin el consentimiento de la contraparte, de nuevo en esta vez, el gobierno federal; ante tales hechos, a quien debiera liquidarse, siguiendo los criterios esgrimidos por los "escuderos" del asalto a Luz y Fuerza del Centro, es al propio gobierno federal.
Así, pues, el golpe es adverso a la vida pública ya que, ante las sabidas fallas e ineficiencias operativas y financieras de una empresa, hay tres caminos posibles: 1) tolerar el estado de las cosas, 2) cambiar el estado de las cosas en un sentido positivo que mejore la operación y las finanzas, 3) eliminar el problema por la fuerza.
No sé cómo arregle las cosas Calderón en su casa, ni me importa, pero cabe imaginar que si uno de sus hijos llegara a fallarle en algo, él tomará la decisión de desacerse del mismo, antes que enmedarle su comportamiento. Lo que sí nos debe importar a todos, es la marcha, la conducción de la vida pública de este país, y los mensajes no dejan de ser erráticos.
Los medios serviles, en su papel, aplauden este golpe autoritario e ilegal, sin mencionar una sola palabra sobre sindicatos mucho más lesivos a la vida pública como el del Pemex con romero Deschamps a la cabeza, o el SNTE, que dirige la inefable Elba Esther Gordillo Morales. Se equivoca quien espere que sean tocados estos personajes, que han sido factores decisivos para que Calderón se haya podido imponer en el poder.
A reserva de esperar los acontecimientos cercanos, es lamentable que la debilieración pública del tema no esté llevándose por caminos de madurez y sensatez, sino por la lógica pueril de las simpatías inmediatas y manipuladas. Se ha acusado al sindicato de planear sabotaje contra la población cortando el suministro, y quien los ha llevado a cabo, cortando el suministro de energía a varias colonias en los estados afectados, ha sido el gobierno federal, responsable de quienes, de facto, controlan el servicio desde la Comisión Federal de Electricidad. A decir de técnicos expertos, es imposible sabotear sin acceso a los mandos de control. Bajo, muy bajo el nivel de la deliberación sobre los asuntos públicos. ¡Alto al ataque contra Luz y Fuerza del Centro!

11 de octubre de 2009

PIB atado a diez empresarios

El PIB, atado a las inversiones de diez hombres de negocios
Marvella Colín
El Financiero
Martes, 3 de marzo de 2009
  • Los sectores en los que participan representan el 26% del producto.

·CRECIMIENTO DEL PIB, ATADO
El crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México depende del movimiento de las inversiones privadas de por lo menos diez grandes hombres de negocios, quienes mantienen un control monopólico y oligopólico en sectores estratégicos del país, como en alimentos, minería, construcción, telecomunicaciones, bancos y bienes de consumo.

Información de Forbes y del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) permite establecer que la fortuna de los principales hombres de negocios en México está vinculada al conjunto de sectores que representan 26 por ciento del PIB.

Si se considera por sí mismo el poderío económico de estos hombres de negocios, el caso más sobresaliente es el de Carlos Slim, cuya fortuna representa actualmente 6.0 por ciento del PIB mexicano.

Ese nivel se equipara, por ejemplo, al 5.0 por ciento del PIB que aportan más de mil empresas alemanas establecidas en México.

También grandes empresarios de la minería, como Alberto Bailleres y Germán Larrea, sobresalen al representar sus respectivas fortunas el uno y el 0.7 por ciento del PIB.

De manera similar se encuentra el consorcio televisivo y empresarial de Ricardo Salinas Pliego, cuyos recursos equivalen al 0.63 por ciento del PIB. En otro ramo, como en el de la construcción, destaca el de Lorenzo Zambrano que con su gran industria de cemento reporta una fortuna de cerca del 0.2 por ciento del producto.

Debido a la importancia que tiene el valor agregado de las empresas de Slim, en caso de una disminución en el monto de sus inversiones de manera significativa, el crecimiento del país se vería trastocado.

Inversión, motor de la economía

La capacidad de inversión es una de las variables claves que miden la fortaleza del motor interno de la economía; sin embargo, es en esta variable donde el país presenta una fuerte debilidad, en especial ahora, pues los especialistas prevén que en este 2009 la inversión privada disminuya 3.7 por ciento en relación con 2008, esto es mayor que la caída de 1.9 por ciento que esperan en el PIB.

En el panorama actual México está lejos del parámetro ideal del 6.0 por ciento de aumento en la inversión para evitar la recesión, así como el desempleo.

Destaca que ante la previsión de una caída en las inversiones, el empleo formal será el más afectado, ya que se estima que disminuirán en alrededor de 325 mil fuentes de trabajo permanente en el país, en el presente año.

Lo anterior se desprende de información del Banco de México, Forbes, Banamex y de la Secretaría de Economía.

Generalmente, la inversión tiende a compensar de manera parcial el efecto negativo de una baja de las exportaciones, como actualmente sucede y en parte también compensa el menor consumo.

Algunos especialistas consideran que al igual que la inversión pública, la privada tiene un efecto multiplicador en la economía.

Cabe señalar que la inversión anunciada el año pasado por el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (CMHN), que está conformado por 37 grupos empresariales, fue de 23 mil 600 millones de dólares. No obstante, para el presente año han señalado que las inversiones se mantendrán, pero aún no dan la cifra.

Estos empresarios, poseedores de grandes corporaciones, con el proceso de globalización fueron elevando su capacidad competitiva, situación por la que ahora con la crisis tienen más capacidad de respuesta en relación con las micro, pequeñas y medianas empresas.

Capital privado vs público

Sin embargo, las grandes corporaciones han señalado que también dependen de la complementariedad de las inversiones que haga el gobierno en infraestructura, así como de la efectividad de los planes anticíclos, situación que no del todo es correcta ya que por su poder monopólico y oligopólico tienen mayores ventajas.

Aun así, los hombres de negocio han expuesto que de atrasarse más los planes gubernamentales difícilmente se detendrá la caída del PIB en el presente 2009.

23 de septiembre de 2009

Democratizar el mercado: 1. El consumo

Durante mucho tiempo he manifestado mi inconformidad con respecto al control que ejercen las grandes marcas comerciales sobre el consumidor, así como el poder que ejercen las empresas más poderosas sobre la vida económica, política, social y cultural (incluida la ideológica) de México, aunque la tendencia es, por supuesto, universal. En este ejercicio, intentaré fundamentar que hay alternativas posibles de transformación ante esa condición, y que paulatinamente pueden ser democratizadoras, ya que la democracia implica libertad frente al autoritarismo de las estructuras que dictan una forma de comportamiento o de elección, sea un regimen político o las pautas del consumo.
El consumo, en la sociedad capitalista, forma parte de una forma de vida distinta al consumo humano en cualquier otra forma de organización social. En el capitalismo, el consumo no representa solamente la satisfacción de necesidades reales, sino que da lugar a la fabricación de "falsas necesidades", como las denommina el marxismo. Estas necesidades espurias, significan, empero, status social.
Aquí un concepto central es el de "fetichismo", en la acepción que le dio Marx, como fetichismo de la mercancía, esto es, un poderío que ejerce un objeto (mercancía cualquiera) sobre el sujeto, quien se subsume ante dicho objeto. La razón de eso se relaciona con la idolatría a la que se somete el sujeto frente a algo externo que él mismo ha creado. Así, por ejemplo, en el fetichismo religioso, el hombre se somete ante un ídolo, un ente supraterreno que tiene propiedades mágicas, curativas, poderes más allá de lo humano. ¿Por qué hace esto? Sencillamente, es producto de un temor primigenio en el cual el sujeto no tiene la figura de protección, y así, desvalido frente a la naturaleza agreste, se inventa un padre, es más toda un familia en las religiones politeístas, donde además del gran patriarca, a imagen y semejanza de los colectivos, se proyectan las propiedades de la madre y las intrigas del resto de "la familia".
Esto es aun hoy una práctica en las comunidades más atrasadas como México, pero por igual se da en civilizaciones avanzadas como Europa o Estados Unidos. Lo que conviene poner de relieve, es que este sujeto ha ido modificando sus adhesiones; de creencias politeístas ha adoptado la mayoritaria creencia monoteísta que fue impuesta violentamente por el convenio político logrado en el siglo IV, D.C.
En el caso del fetichismo sexual, el sujeto subsumido no alcanza la satisfacción sexual por un sentimiento o emoción, ni acaso por las propiedades (belleza, seducción) de la pareja, sino por la portación de ciertos objetos "mágicos": las zapatilals de tacón alto, las medias, el liguero, etcétera. No es una respuesta sexual común, sino que queda condicionada a ese objeto particular.
Por lo que atañe a nuestro análisis, el fetichismo de la mercancía se produce en la sociedad específicamente capitalista, y es respuesta a la enajenación del sujeto ante su trabajo. El productor libre, identificado con su producto, se convierte por la separación del productor y su trabajo, de los medios de producción, que son detentados por el capitalista. Frente a esa enajenación, en la mercancía ve reflejado, al final, el producto de un trabajo abstracto, que no parece emanado de él, sino de una fuente externa. Por ende, al concurrir al mercado, no puede sino fascinarse por las cualidades exaltadas ad nauseaum, por una industria otrora inexistente: la publicidad.
Las empresas dedicadas a promover los productos, no sólo machacan sus cualidades, sino que les confieren paulatinamente propiedades mágicas que de ordinario nadie puede creerse, y que, sin embargo, logran irse introyectando en el subconciente a golpe de repeticiones. Al irle mintiendo a la mente del sujeto sistemáticamente, el sujeto va aceptando la idea de que si bien, al usar un par de zapatos tenis no "volará suspendiéndose en el aire" como basquetbolista negro, sí será notoria su presencia por que porta justamente "los tenis del comercial". Su presencia humana sin esos zapatos no importa, lo que importa es que los porta.
Para ser justos, ya Veblen en su Teoría de la Clase Ociosa [FCE, 1974], había destacado en estudios antropológicos y sociológicos, la seducción que producen los ornamentos sobre las clases desembarazadas del trabajo farragoso. Así, pues, monarcas, militares o sacerdotes, no trabajan justamente porque son admirados por quienes no poseen esos ornamentos (oro, brillantes, castillos, conocimientos, etcétera) y lo que buscan es, no derrotarlos políticamente como sugería Marx, sino emularlos y convertirse en uno de esa clase ociosa.
El fetichismo de la mercancía se atiza, empero, en una clase peculiar de mercancía, aquella que permite el acceso a todas las demás: el dinero. Ahí, alcanza su forma más fetichista y enajenada, porque "poderoso caballero es don dinero", y quien lo tiene puede comprar lo necesario y más, incluso, en sociedades descompuestas como la mexicana, la dignidad, el honor, la lealtad, o sino el amor, sí la compañía.
Max Weber, en su Ética protestante y el espíritu del capitalismo [FCE, 2000], subraya cómo, en el capitalismo, el goce no está en la mercancía, en el vino, el alimento, el viaje, el goce está en la acumulación de dinero, dispuesto como capital, esto es, como valor valorizándose.
Así, pues, muchas son las presiones sociales, ideológicas, económicas y culturales para que consumamos obsesivamente mercancías, objetos que hipotéticamente minen las inseguridades de un sujeto desvalido de origen porque su identidad es difusa; si no importa por lo que es, sino por lo que tiene, ese sujeto arrastra un sentimiento de minusvalía que refuerza viciosamente la "necesidad" de acumular más objetos [Cfr. Erich Fromm: El miedo a la libertad, Paidós, 1947]. Creyénose inferior al que posee, el sujeto debilitado engrosa las filas de los esclavos del dinero y del consumo, afianzándo la práctica fetichizada de que "comprar es bueno".
Una forma de ir democratizando al mercado, parte del consumo, de despojarnos de la alienación que nos impone un consumo ciego, y transformarlo por un consumo consciente, libre, e incluso rebelde. Sin libertad no hay democracia.
Un consumo alternativo pone en jaque al sistema, como ha ocurrido en muchos momentos por ejemplo, en corrientes contraculturales que varían las pautas de la música o el vestido. Ahora se da el caso de los productos orgánicos o "amables con el medio ambiente".
El mercado asimila esos movimientos contraculturales y los hace suyos, medrando su poder revolucionario y disidente. Pueden comprarse ya playeras con la imagen del Ché Guevara en los aparadores de las tiendas más pedantes de la Zona Rosa.
Pero puede írsele ganando terreno a la colonización sistémica, distinguiéndo lo necesario de lo innecesario, lo central de lo superfluo, y sobre todo, valorando al sujeto, siempre, sobre el objeto.
Sólo a medida que se vaya oponiendo una resistencia frente a las imposiciones colonizadoras del sistema, en este caso económico, a través de las empresas y sus productos sobrevalorados, se podrá ir ganando terreno, o desde la actitud rebelde-consciente, simplemente no colaborar con el sistema.

Fetichismo financiero y falencias institucionales

12 de septiembre de 2009

De ineptitud e irresponsabilidad económica

Recientemente, Felipe Calderón anunció diez puntos con los cuáles, según él, habría de darse un cambio "de fondo" en el país. Entre ellos, puso en primer término el combate a la pobreza. Posteriormente, el 8 de septiembre, al momento de enviar el paquete económico para el 2010, Agustín Carstens anunció una serie de medidas que han resultado sumamente polémicas por que, de facto, representan un aumento indiscutible de impuestos.
Se proyecta el aumento de tasa cero a una tasa de 2% a alimentos y medicinas, así como un incremento en el ISR de hasta 30%; esto es obviamente, un incremento de impuestos. El problema es que serán impuestos que hemos de pagar los contribuyentes cautivos, esto es, los pocos (diez millones) que pagamos impuestos por todos (más de cien millones); entre trabajadores independientes, asalariados y las pequeñas y medianas empresas. Por ende, este incremento fiscal, será un golpe asestado contra una parte muy limitada de la población, la que se halla indefensa ante el embate de Hacienda.
En estas iniciativas, se anunció igualmente un recorte al gasto público en rubros tan delicados como la educación, justo cuando las carencias del sistema educativo y su insuficiencia se revelan a niveles grotescos.
Además, se desaparecen tres secretarías de Estado como Turismo, Función Pública y Reforma Agraria; mismas que, si bien nunca fueron plenamente necesarias y su funcionamiento ha resultado fútil, aumentará el desempleo entre trabajadores de confianza que aun laboran y que son quienes resultan más productivos, ya que aquellos trabajadores de base, serán trasladados a otras dependencias, y generalmente son burócratas poco eficientes y con un compromiso con el servicio público frágil por no decir inexistente.
Por último, se incrementa el precio de ciertos bienes como tabacos, bebidas alcohólicas y telecomunicaciones.
El argumento con que se ha pretendido justificar esta decisión errónea, ha sido el de "tapar el boquete fiscal", abierto por la caída de los precios petroleros que ha puesto en jaque el presupuesto de este año, en medio de una crisis profunda que ha exigido un aumento excepcional del gasto.
Para tapar ese boquete, producto de la impericia en las deciciones y proyecciones del gobierno federal, además ha habido un chantaje bajo la idea de que este golpe a la menguada clase media, servirá para "ayudar a los pobres". La pregunta es, ¿realmente quiere el gobierno acabar con los pobres?, ¿tiene la decisión de minar a su base cautiva de votantes, dependientes de las migajas de ayuda con las cuáles mantiene en estado de latencia a gruesas capas de pobres, las que se han engrosado con los gobiernos panistas? Obviamente no hay la decisión de abatir la pobreza, sino de ensanchar la base de votates para el partido oficial.
Estas medidas son, a todas luces, contraproducentes. Se trata de medidas procícliclas, es decir, recesivas en medio de una crisis profunda y de la cual no hay asomo de superar en el mediano plazo. Agravarán la parálisis económica ya que merma el ingreso disponible para el consumo, lo que evitará la recuperación del mercado interno, alimentando la vocación hacia la informalidad; asimismo, evitará la inversión ya que grava no a la riqueza, sino al capital, lo que lastima al pequeño y mediano empresario, en tanto que no ataca la evasión legal de las grandes corporaciones, evasión que es consentida por las autoridades federales, gracias a componendas políticas.
Ello se traducirá en una crisis de empleo, ya que sin inversión el empleo no se recupera. Por lo que el clima social se agrava, en un contexto tan crítico como el presente, en el que la crisis se extiende a todas las áreas de la vida social y privada.
Por si fuera poco, animará presiones inflacionarias, ya que el aumento de impuestos suele ser diferido desde el productor al consumidor final, quien no tiene a quien trasladar el costo. Un incremento inflacionario rompería los esfuerzos tan rígidos por combatir la inflación, que hemos vivido las últimas dos décadas. El desbordamiento de los precios, será el corolario que desnude la insensatez de este paquete económico.
El paquete económico, responde a las directrices ortodoxas, siguiendo las recetas clásicas del Fondo Monetario Internacional en boga antes de la crisis, ya que la misma, ha evidenciado que son contraproducentes. Carstens hace gala de su dogmatismo, y Calderón de su ignorancia y torvedad al endilgar el costo de la crisis y los errores gubernamentales a una población castigada por la crisis que no provocó.
Llama la atención que académicos, calificadoras financieras, consultoras, sindicatos, agrupaciones campesinas, y por increíble que parezca, las cámaras empresariales más poderosas, han mostrado su desacuerdo con este paquete. Se ha configurado una coincidencia atípica entre sectores, muchas veces antagónicos, en contra de esta iniciativa.
Cabría esperar que fuera frenada en el Congreso, pero por desgracia ya actores políticos priístas de alto nivel, se han reunido con las autoridades federales y específicamente hacendarias para discutir la aprobación del paquete económico. La historia reciente sugiere que cuando panistas y priístas se reúnen "en lo oscurito", el país pierde y la población en general asume el costo de las crisis. Malas noticias, inocultables aun cuando se quiera distraernos con farsas como los "aerosecuestros".

30 de agosto de 2009

Público pendenciero y vergonzoso

Asistí el sábado 29 de agosto al Auditorio Nacional, las 20:00 horas marcaban en el reloj, para dar inicio a un concierto más, el tradicional recital anual de Óscar Chávez. Como ha sucedido antes, un artista invitado acompañaría al cantautor aclamado por temas como "Por ti". En esta ocasión, fue Jaime López quien haría mancuerna con Chávez, y prometía en ser una noche rotunda de lucidez, saentimiento y verdad. Empero, López, quien ha recorrido la legua gracias a una carrera de décadas de trajinar entre los escenarios más recónditos, así como por ráfagas de celebridad atendida por los medios gracias a sus incursiones en el rock ochentero, recibió una vergonzosa respuesta por parte de un público pendenciero, cuya rijosidad se animaba en la estulticia de no saber más que dos o tres canciones de Chávez.
Entre gritos altaneros y chocantes por su inicua repetición mecánica, tras cada pieza interpretada inicialmente por Chávez, y sobre todo, en el espacio posterior al intermedio cubierto por López, rijosos asistentes molestaban a un Auditorio que no se colmó (sino acaso se ocupó en un 70% del recinto) con los irritantes alaridos exigiendo ¡"Por ti", ..."Macondo", ..."La niña de Guatemala"! (como si no superan que es imperdonable que las cante al final del concierto, una y otra vez... hasta que Óscar Chávez deje de pisar escenarios).
"A la orilla de la carretera" (revestida de acentos norteños y hasta country) fue respetada, pero el resto de las piezas interpretadas (magistralmente) por el autor de "Chilanga banda" tuvo que soportar el comportamiento injustificable de un auditorio que exhibió su ignorancia, su intolerancia y su cerrazón. La publicidad anunciaba, claramente, "Dos tipos descuidados", como el ardid que prometía un concierto a "dos voces" (por cierto, desnudando la lejanía del alcance de Chávez ante López). Acaso, mucha de esa gente grosera no sepa leer.
El resto del concierto fue tomado por las amorosas manos de Chávez, quien acompañado de sus imprescindibles "Los Morales", dio gusto a la muchedumbre, interpretando las obvias canciones que no faltan en los compilados que son lo único que conocen las mayorías, así como algunas obras rescatadas, yendo de costa a costa, entre música de Guerrero y Veracruz. Otras homenajeando a Pancho Villa, y sus picosos cometarios sobre los "políticos" (en abstracto), fueron recibidas con gozo disciplinado por las masas.
A mi entender, Óscar Chávez se hubiera elevado como un caballero, haciendo alusión a lo vergonzoso del comportamiento del público, claro está, sin morder la mano que le da de comer. Una pena, porque los conciertos de Óscar Chávez, solían ser festivos, y ahora fue lamentablemente penoso.

14 de agosto de 2009

La economía mexicana y sus conductores

"Estamos en un shock financiero". Esta es la expresión de las autoridades mexicanas para definir la crítica situación en la que se halla nuestra economía. Me parece que el problema es algo más complejo que esto.
Nadie ha podido estar al margen de los efectos de la crisis internacional, que se ha sumado a la crisis estructural que agrava a la economía mexinana desde que el modelo neoliberal se impuso a la población, en 1982. Es claro que la situación económica de México está lastimada, pero no es simplemente por la crisis externa, sino por la debilidad estructural interna. Ante esto, se han debilitado las endebles bases que sostenían nuestra economía, por ejemplo, el sector externo, que, al depender en extremo de la marcha de Estados Unidos, y cimentarse en manufacturas de poco valor agregado y derivadas de la mano de obra barata, se han colapsado ante la crisis y la recesión en el país del norte.
Por otro lado, esto mismo castiga a los migrantes quienes, huyendo del fracaso económico doméstico, buscaron su porvenir allende las fronteras, y desde allá, han mantenido a comunidades enteras vía las remesas, que se parangonan con el ingreso petrolero, dejando detrás las divisas derivadas del turismo. Las remesas, con la crisis estadounidense, se han ido a pique, y con las mismas, la economía de miles (o millones) de familias en México.
A su vez, la misma crisis global ha mermado el ingreso de diversos comodities industriales, entre ellos el petróleo, que se haber estado muy elevado los dos años anteriores, ahora está en un precio regular que implica una merma para los ingresos fiscales proyectados oficialmente. Esto ha venido agudizando una gran grieta estructural de la economía interna, a saber, el esquema fiscal que por décadas ha sangrado a contribuyentes cautivos que sostienen el grueso de los ingresos por impuestos de la Hacienda nacional. Pocos pagan mucho, y la amenaza es que se subirán impuestos, lo que será una medicina sumamente amarga para estos contribuyentes, como burócratas, profesionistas indendientes, o medianas empresas. La estructura fiscal en México es desigual e injusta, ya que al mismo tiempo otorga prerrogativas a las grandes empresas oligopólicas, las cuales, aprovechando lagunas y canonjías legales a modo, pagan muy pocos impuestos, o decididamente además de no contribuir conforme a su ingreso real, reciben devoluciones prontamente transferidas por el secretario Carstens.
La alternativa de subir impuestos sería por demás contraproducente, ya que en un mercado interno plenamente fracturado por la recesión, con décadas de abandono y con una crisis de empleo brutal, significaría mermar el ingreso disponible de las familias que sostienen la desigual carga fiscal.
Por otra parte, encarecer bienes cuyo precio se controla por el gobierno como la gasolina, sería otra sinrazón, ya que desataría una espiral inflacionaria igualmente lastimosa para quienes menos tienen, agudizando el círculo vicioso que constriñe el ingreso y la calidad de vida de la mayoría de la población, de ingresos menguados.
Además, la otra opción preferida por los neoliberales, ha sido el recorte al gasto público, lo que sonaría lógico si se tratara de gasto superfluo, como el que el gobierno federal derrocha para sostener su ostentosísima campaña propagandística. Empero, el problema es que de facto, se recortan programas sociales vinculados al combate a la pobreza, la educación, la salud o la vivienda. Es decir, en la óptica neoliberal, hay que recortar lo que beneficia a la gente, so pena de mantener las comodidades de una alta burocracia parasitaria e ineficiente.
Así, pues, el panorama es más complejo que un simple shock financiero, la problemática es estructural. Estamos literalmente ante la quiebra de muchos municipios del país, lo que pone en jaque la viabilidad ya deteriorada de una buena parte del territorio nacional. La quiebra del Estado, es consecuencia de décadas de mala administración, de subejercicios en el gasto, de la corrupción escandalosa de los gobiernos tecnócratas, así como de los privilegios otorgados al gran capital industrial y a la oligarquía financiera transnacional.
Por ende, la solución no se hallará en los contornos de la imaginación de quienes han administrado pésimamente los recursos nacionales; exige, por el contrario, un cambio en la alta burocracia, esto es, un cambio en el gobierno, que sin duda pasa por un cambio político, que sólo puede ser fruto de un cambio en la conciencia social e histórica de nuestro pueblo. Es por esto que me parece que la gravedad es mayor en alcance y complejidad, a un mero "shock", como lo enuncia quien nos diagnosticó la crisis global, como un "catarrito".

31 de julio de 2009

Superfluidad y derroche

Mientras el país puede caer este año alrededor de 10% del PIB, lo que significaría una de las peores crisis de nuestra historia, con una caída del empleo de cerca de 800 mil plazas, de acuerdo con las cifras oficiales, que suelen ser muy "optimistas" (hablaríamos entonces de un millón de nuevos desempleados); al presidente impuesto de nuestro país se le ocurrió la brillante idea de crear un nuevo artilugio de identificación, denominado "Cédula de identidad ciudadana". Hace años, cuando se creó la inútil Cédula Unica de Registro Poblacional, sí, esa fútil CURP, se vendió la idea de que sería nuestra máxima cédula de identificación para no mezclarse con la del IFE, que se reservaría como mera cartilla para votar. La realidad es que es más práctico y regular emplear la del IFE, que cuando menos, ante la sospecha de que no si no se respeta el voto, al menos sirve para identificarse cabalmente.
Calderón se equivoca nuevamente con este gasto inútil que representará una sangría innecesaria a las ya menguadas finanzas públicas, para lo que ya se cierne la amenaza de aumento de impuestos para el siguiente ejercicio fiscal.
No cabde duda de que a la clase política poco o nada le importa la vida cotidiana de los ciudadanos, que además de recibir menos ingresos, recibimos menores recursos provenientes de los impuestos que algunos (muy pocos) pagamos. A eso, habrá que, además, invertir el poco tiempo que tenemos en trámites engorrosos ante una burocracia poco preparada e insensible, para tramitar la famosa cédula de identificación ciudadana, que, como la CURP, no servirá para gran cosa, más que para recordarnos en tumultuosos trámites, que debemos contar con ella y numerosas fotocopias.
México, tan agobiado y tan distraído de lo central, para ocuparse de fatuidades producto de la "creatividad" de ciertos tipos, así como de las imposiciones de grupos ultra-conservadores en el extranjero.

24 de julio de 2009

Blur - Coffee And TV

Por razones que no vienen al caso (pero podrán colegir fácilmente), me gusta esa canción y la recordé hoy cuando hallé el polvoso disco. Jocosa la cajita de leche, jajaja. Me parece buena, de lo mejor de Blur.

18 de julio de 2009

¿El país del futuro?

México se enfrenta a serios retos que amenazan su viabilidad. Al caos económico al que estamos más o menos acostumbrados, pero que se ha agudizado, se suman una terrible descomposición política manifiesta en el descrédito de las organizaciones e instituciones que dan sustento al sistema, y además, una crisis de legitimidad política que se afianza cotidianamente frente a la lucha contra el crimen organizado que ha enarbolado el gobierno federal como su principal tarea; el fracaso en seguridad es muestra de la futilidad de los instrumentos con los que cuenta el país actualmente, y representa un barril de pólvora hacia el futuro cercano.
A eso vale la pregunta ¿tiene futuro nuestro país, o simplente debemos administrar el caos? Espero que la reflexión colectiva ayude a discernir el punto, así como a barruntar alternativas.

22 de junio de 2009

Rockdrigo: "Vieja Ciudad de Hierro"

Ya atosigué demasiado en el video pasado, en este, sin comentarios.

Rockdrigo González - No tengo tiempo

El jefe Rockdrigo González interpretando una versión "alternativa" de "No tengo tiempo", un himno para los que crecimos en los espacios urbamos más "rasposos". Si bien en él todo cabe dentro de lo alternativo, esta versión tiene un sabor especial.
El tamaulipeco dejó una estela densa entre una generación que comenzamos a vivir el desencanto de la modernidad citadina, sus gruesas capas de smog, el olvido, la futilidad de la esperanza, en fin...
Hoy, caminando por las viejas calles de mi centro histórico, las que aun no son reparadas, desemplové mi viejo "discman" y escuché las rolas de Rockdrigo. Inevitable: me seguí con Catana, Arrellín, Roberto González.
Para no aburrir más al prójimo, quede asentado que no pude soportar el peso de la nostalgia; un cantante de esos que se suben a los camiones, nos recetaba, entre Reforma e Insurgente, yendo rumbo al metro Tlatelolco, y a eso de las 8 ó 9 de la mañana, "No tengo tiempo" de rockdrigo, y "Quién me ha robado el mes de abril", del maesse Sabina, cantaba muy bien el cuate, con personalidad, sin pretensiones vacuas, grueso, macizo; y era de a los que, inexorablemente, les daba las monedas suficientes que no comprometieran mi torta en el paseo de la salmonelosis o las fotocopias requeridas en mi F.E.
¡Qué tiempos aquellos!

12 de junio de 2009

Jethro Tull - Aqualung (Live)

Ian Anderson y compañía, ejecutando su clasiquísima Aqualung en vivo y a toda plenitud. La disfrutarán los de mi época.

10 de junio de 2009

Ética y política

Ética y política

Mario Humberto Hernández López


¡Qué responsabilidad!

El animal que más nos cuesta

y el que menos se puede conservar.

Nicolás Guillén, «La estrella polar»


Vivimos tiempos adversos para la humanidad entera, pero de manera inmediata para México. Ya la crisis netamente material (económica, ecológica) ofrece perspectivas poco alentadoras cuando se aprecia el grado de devastación ambiental y la escasez de recursos venidera en los próximos años. Eso bastaría simplemente para iniciar ya una reflexión ética pero también política, ya que de alguna forma evidencia el fracaso de ésta última.

Ante un panorama tan desagradable como el actual, con una crisis múltiple —a la crisis material hay que añadir la crisis de sentido, social, moral y notoriamente política— vale preguntar acaso: ¿qué sentido tiene la política si no responde a los requerimientos efectivos del pueblo?, e igualmente, ¿para qué aprovechamiento se destinan los recursos económicos, mientras millones de mexicanos continúan viviendo en la miseria y la ignorancia? Estas preguntas, tan poco originales, no carecen de significado, empero, para un país que aún en el siglo XXI ha venido manteniendo y exacerbando la desigualdad: los ricos cada vez son más ricos, aunque haya menos ricos como al porcentaje de la población; la clase media, otrora emblemática de la sociedad nacional, está en franco declive, y las clases marginadas, millones, agudizan su depauperación oprobiosa.

Las preguntas anteriores podrían al mismo tiempo encauzarse en una sola (igualmente nada original): ¿qué hacer? Si bien es evidente que la solución a esas interrogantes rebasa por mucho nuestras posibilidades, aspiramos acaso a atender la inquietud fundamental que es la de bosquejar algunas ideas desde el terreno ético, que contribuyan a la reflexión sobre una coyuntura en la que pueden, o bien definirse las rutas hacia una transformación gradual de las estructuras nacionales, o bien, prolongar el camino de la disciplina prevaleciente. Por eso, ofrecer ideas posicionadas desde la Ética, puede dar un poco de perspectiva al análisis político, hoy tan propenso a la mercantilización y la frivolidad de lo que justamente se maneja como una mercancía, desde la mercadotecnia política.

Estas líneas se posicionan desde la Ética ya que al tener su fundamento en el estudio de la moral, y al ser ésta elucidación entre el bien y el mal, y procuración del primero, busco disipar el problema específico de ¿cuál es la relación entre ética y política? Para así, pues, ofrecer elementos de reflexión sobre un mejor hacer.

El vínculo entre Ética y Política

Para entrar en materia, es menester recordar que desde que el hombre adquiere conciencia de su ser le imprime un sentido, una orientación de sí y de su proyecto, por que es claro que no se ha mantenido en la inacción o el letargo. De ello se desprende una concepción de lo que se procura, de su proyecto, y tácitamente, así el hombre se inventa la moral, se crea, pues, una noción del bien y del mal. Y es que, sencillamente, sin moral ninguna, el hombre no habría sobrevivido; la moral nos contiene pero al mismo tiempo nos libera, nos limita pero nos hace a la vez posibles por gracia de la conciencia y la libertad.

Es por eso que en el carácter histórico de la moral está también el carácter político del hombre, ya que cada moral define explícita o implícitamente el orden social al cual ha de asimilarse el sujeto particular. Por eso la moral cambia, porque se corresponde con un orden social y político al cual legitima. El sujeto social delimita y se define por la acción regular, cotidiana, y en ello perfila una idea o modelo de deber particular ante el colectivo, y de deber general para el colectivo en sí.

Así lo reconoce Aristóteles cuando plantea en su Política la necesidad de los hombres por convivir, en primera instancia, para reproducir la especie, y luego, la necesidad de darle un orden a esa convivencia.[1] De tal suerte que los hombres forman familias, una colonia de familias conforma un municipio y éste, finalmente da lugar a la ciudad: «La asociación última de municipios es la ciudad. Es la comunidad que ha llegado al extremo de bastarse en todo virtualmente a sí misma, y que si ha nacido de la necesidad de vivir, subsiste porque puede proveer a una vida cumplida».[2] Es esa posibilidad de la comunidad como polis, de proveer una vida que se cumple, la que refuerza la tesis teleológica aristotélica de la polis como un fin en sí mismo.

Independientemente de la idea incompatible con nuestra especificidad histórica acerca de la sumisión «natural» de las mujeres y los siervos, la idea general sobre la necesidad de una comunidad, o polis, se ha venido manteniendo como una necesidad del hombre por trascender como especie en el tiempo y de hacerlo bajo un orden social. Por eso es claro para el estagirita que «[...] la ciudad es una de las cosas que existen por naturaleza, y que el hombre es por naturaleza un animal político»[3]; es decir, la polis existe consustancialmente con la necesidad humana de sobrevivir y trascender en medio de la naturaleza. Ese fin debe hacer cumplir la misma existencia más allá de la biológica, es decir, constituir al hombre, vale adelantar, humanizarlo, ya que «[...] quien por naturaleza y no por casos de fortuna carece de ciudad, está por debajo o por encima de lo que es el hombre»[4]. O sea, el hombre amante de la guerra, abestializado, meramente animal; o acaso aquél que no responde a lo humano, sino que se asume por encima de ello, soberbiamente se diviniza y cree no necesitar a los otros, a sus semejantes.

Y es que Aristóteles reconoce en el hombre capacidades distintivas del resto de las especies, y con la facultad de la palabra, perfila la asociación entre política (desprendimiento de polis) y moral: «[...] la palabra está para hacer patente lo provechoso y lo nocivo, lo mismo que lo justo y lo injusto; y lo propio del hombre con respecto a los demás animales es que él solo tiene la percepción de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de lo injusto y de otras cualidades semejantes, y la participación común en estas percepciones es lo que constituye la familia y la ciudad[5] Es así, pues, esa participación común de las percepciones de lo bueno y lo malo, lo que constituye a la moral.

Por eso la polis, con la (su) moral, es anterior y trasciende a la familia y al individuo.

El todo, en efecto, es necesariamente anterior a la parte. Destruido el todo corporal no habrá ni pie ni mano [...] Es pues manifiesto que la ciudad es por naturaleza anterior al individuo, pues si el individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político en la misma relación que las otras partes lo están con su respectivo todo. El que sea incapaz de entrar en esta participación común, o que, a causa de su propia suficiencia, no necesite de ella, no es más parte de la ciudad, sino que es una bestia o un dios.[6]

Es esa y no otra la necesidad de la moral; como apuntamos arriba, la vida comunitaria de la polis es la que permite hacer del hombre un humano, lo hace posible. «Pues así como el hombre, cuando llega a su perfección, es el mejor de los animales, así también es el peor de todos cuando está divorciado de la ley y la justicia.»[7] De otra forma, bien se bestializa, o se arroga una fatua divinización.

De ello se colige que la política tiene una función, que es la de formar al hombre. El hombre se forma a sí mismo por medio de la comunidad, en el reconocimiento de la moral. Es así que para los griegos, y en específico para Aristóteles, política y moral no sólo son compatibles, sino indisociables.

El deber moral está asociado directamente con el deber social, y si la moral no tiene sentido sino en la expresión social, es por eso que justamente, la cualidad social de la moral es asegurar su orden (ello nos recuerda por qué de la moral viene, luego, el derecho).

Así, pues, moral y política son la expresión conjunta pero específica en el hombre, en su articulación y despliegue como sujeto social. El hombre no puede vivir aislado, ya que, la polis es algo que existe por naturaleza, y al serle natural, como lo indica Aristóteles, es un πολιτικὀν ξῷον.

Pero ¿cómo se articula esa conjunción social en el hombre mismo? Aristóteles, nuevamente de forma teleológica, señala en la Ética nicomáquea que todos los hombres buscan, por naturaleza, la felicidad. El telos del hombre es ser feliz. Así, esa procuración de la felicidad requiere del hombre una conducción que le acerque a ese objetivo último. Sencillamente, si el hombre no es feliz, ¿para qué ser ético?

Visto así el asunto, no parece faltarle razón a Aristóteles ya que, efectivamente, es difícil encontrar a una persona que no desee la felicidad. Si bien ahí el problema parece irresoluble, ya que: ¿qué es la felicidad misma, si no algo muy individual?, puede, sin embargo, rebasarse el subjetivismo pleno y comprenderse que si aquélla no está detrás de las actividades humanas, el ser ético o moral no tiene mayor sustento.

De esto se comprende que, si bien Aristóteles hallará en la vida teorética la máxima expresión de la felicidad, el punto de arranque es sostener que el fin de la Ética no es el conocimiento, sino la acción, la praxis en tanto conducción correcta de la vida: «el fin de la política no es el conocimiento, sino la acción»[8].

Es así que el señalamiento del Libro primero, sobre que toda actividad humana tiene un fin, y propiamente un fin que se concreta en lo bueno y lo mejor[9], sirve como elemento para un análisis en el que el conocimiento de la Ética no es meramente formal, sino que forma parte de la Política, dado que

[...] el conocimiento de este bien tendrá un gran peso en nuestra vida [...] debemos intentar determinar, esquemáticamente al menos, cuál es este bien y a cuál de las ciencias o facultades pertenece. Parecería que ha de ser la suprema y directiva en grado sumo. Ésta es, manifiestamente, la política. En efecto, ella es la que regula qué ciencias son necesarias en las ciudades y cuáles ha de aprender cada uno y hasta qué extremo. [...] Y puesto que la política se sirve de las demás ciencias y prescribe, además, qué se debe hacer y qué se debe evitar, el fin de ella incluirá los fines de las demás ciencias, de modo que constituirá el bien del hombre».[10]

La conexión existente entre la Ética y la Política, será, pues, estrechísima en tanto la primera forma parte de la segunda, esa ciencia a la cual se supeditan las demás. En tanto la política constituirá el bien del hombre, la Ética se halla en ese camino mediador, haciéndolo no para uno, sino para la colectividad: «[...] porque procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo y para ciudades.»[11] Por lo tanto, la imbricación significa que la Ética es micro-política, y la Política es macro-ética.

La escisión, mas no divorcio, entre Ética y Política

No obstante, estas ideas se transformarían con el transcurso del tiempo. La democracia griega se erosionó, dio lugar al gran imperio romano y luego, tras largos siglos, no se conoció más que un orden constreñido bajo el yugo dogmático de la iglesia. La Política se subordinó durante el oscurantismo a la ordenación feudal, monárquico-eclesiástica.

No obstante, con el Renacimiento se recuperó la ligazón entre Ética y Política, si bien con notorios rasgos distintivos en relación a Aristóteles, y se halla expuesta con suma rotundez con el pensador florentino Niccolò Machiavelli (Maquiavelo en adelante), a raíz de su obra más significativa, Il principe de 1513.

Con Maquiavelo, se va delineando la especificidad de la Política como ciencia independiente de la filosofía moral o Ética. Primeramente, está independencia la presenta Maquiavelo, disociando enfáticamente a la política de la sociedad; él ya no habla sobre el zoon politikon aristotélico, sino de hombres como individuos, aglutinados en un pueblo, y gobernantes despersonalizados de esos individuos, quienes deben dirigir al poppolo, a la masa. Sociedad y política ya no serían más unidad.

Con el Renacimiento, algunos esbozos de modernidad hacen su aparición y esa distinción entre la comunidad, o desde entonces “esfera social”y la “esfera política” requieren, según Maquiavelo, de un especialista en la conservación del poder. Para tal empresa, es menester apegarse al realismo, y por tal cuestión, se presume en Maquiavelo un asomo de reproche a los antiguos cuando indica: «Muchos han imaginado repúblicas y principados que nunca han sido vistos ni conocidos en la realidad, y es que hay tanta diferencia entre cómo se vive y cómo habría que vivir, que el que no se ocupa de lo que se hace para preocuparse de lo que habría que hacer, aprende antes a fracasar que a sobrevivir.»[12]

Ahí ya se plasma la pertinencia del ejercicio político apegado a la eficacia, y no a la moral; al hacer efectivo, y no necesariamente al deber moral. Para Maquiavelo, la Política es el medio de conseguir y mantener el poder de gobernar, y no ya una actividad moral referida al bienestar de los hombres. Política y poder son cosas ya también disociadas: la política es el medio, y el poder el fin. Sartori evoca cómo:

Para los autores medievales y renacentistas [...] el dominium politicum no era “político” en nuestro significado, sino en el significado de Aristóteles [...] la voz politicum designaba la “visión horizontal”, mientras que el discurso vertical se desarrollaba mediante las voces realeza, despotismo y principado». Por eso, «si hay un término que simbolizaba más que ningún otro el enfoque vertical, el discurso que llamaríamos característicamente político, este término era “príncipe”».[13]

Maquiavelo ve con extraordinaria lucidez la descomposición del orden medieval, y sobre todo, las nuevas necesidades de un gobierno para una sociedad que ya no se asemeja más a la antigua polis. Es mérito de Maquiavelo el detectar la nueva sociedad en ascenso[14], advertir claramente la evolución política que exigía esa dirección. Nadie percibió mejor que él el arcaísmo de las instituciones que estaban siendo desplazadas, y reflexionar sobre ese gran cambio le significó también reconocer que la Política es el arte de gobernar; explicitar que el pueblo necesita de un control, retomar una directriz que le dé organización y coherencia fuera de sí misma, para enfrentar los nuevos tiempos jerarquizados (verticales).

Con esa claridad para examinar la situación política, mediante la observación de la decadencia italiana, Maquiavelo separa a la política de sus tintes humanistas, si bien esos le dieron un sentido inicial al cuestionar la política católica y sostener el ideal de la renovación política, pero el florentino ya no ve a un hombre generoso ni desinteresado, y ante ello recomienda: «[...] es más seguro ser temido que ser amado. Porque, en general, se puede afirmar que los hombres son ingratos, inconstantes, falsos y fingidores, cobardes ante el peligro y ávidos de riqueza...»[15]. Razón por la que sugiere: «[...] el príncipe debe hacerse temer de manera que, si no consigue el amor del pueblo, por lo menos evite suodio, porque puede perfectamente ser temido sin ser odiado al mismo tiempo, y lo conseguirá siempre que no toque ni las posesiones ni las mujeres de sus ciudadanos y sus súbditos [...] porque los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio»[16].

Esta cita es valiosa por dos sentidos, primeramente, por hacer notorio el ascenso de un ethos en el cual el interés patrimonial está ya por encima de las cuestiones morales o humanitarias, y en segundo lugar, por clarificar la impericia de la expresión «el fin justifica los medios», ya que cuando Maquiavelo dice que si el príncipe no logra hacerse amar, debemas nunca ser odiado, lo que debe evitar a toda costa, ya que esto lo único que logrará será erosionar su legitimidad y la lealtad de sus súbditos. al menos darse a temer,

Es por eso que exhorta Maquiavelo: «Haga pues el príncipe lo necesario para vencer y mantener el estado, y los medios que utilice siempre serán considerados honrados y serán alabados por todos. Porque el vulgo siempre se deja llevar por la apariencia y por el éxito del acontecimiento».[17] Evidentemente se trata de la finalidad eficientista, mas no a cualquier costa, ya que el pueblo juzga sobre la base de resultados. Al respecto, Martinelli[18], ha comentado que la expresión popular es inexacta e injusta; en su interpretación, Maquiavelo señala que el fin, califica los medios.

Visto así el punto, la eficacia o ineficacia de los actos, calificará más que justificará los medios. Esto ya que no hay una receta ineluctable para gobernar, y el príncipe puede acertar o errar, y de acuerdo a tales resultados, ser aceptado, temido o repudiado por su pueblo, donde esto último, es lo menos adecuado para el gobernante. Es por eso que sólo hay una restricción para el gobernante, y es auto-impuesta por su propio juicio:

[...] es necesario que el príncipe sepa evitar con su prudencia la infamia de aquellos vicios que le quitarían el estado, y sepa guardarse, en lo posible, de los que no se lo quitarían; no obstante, si no es capaz, puede dejarse llevar por ellos sin demasiado temor. Y además no debe preocuparse de incurrir en la infamia de aquellos vicios sin los cuales difícilmente podría salvar el estado, porque, si se examina todo atentamente, se encontrarán cosas que parecen virtudes y sin embargo le llevaría a la ruina, y otras que parecen vicios, de los que por el contrario nacerán su seguridad y su bienestar.[19]

Por eso también Maquiavelo introduce en concepto hoy conocido como «razón de Estado», la coerción y la violencia sin rendimiento de cuentas en el nombre del mismo pueblo. De tal suerte que, «[...] un príncipe no debe preocuparse de tener fama de cruel por mantener a sus súbditos unidos y fieles, porque, con muy pocos ejemplos, será más piadoso que aquellos que por ser demasiado humanos dejan que sigan los desórdenes, de los que nacen asesinatos y robos; porque éstos suelen perjudicar a la entera sociedad, mientras que las ejecuciones que decreta el príncipe sólo ofenden a individuos concretos»[20]. Por tal motivo, el gobernante exige al ciudadano una moral que él mismo no comparte, está fuera del grupo, más allá de toda restricción; no así los ciudadanos. Si acaso el fin justificara los medios, el fin está arraigado no al príncipe por él mismo, sino al pueblo, a los súbditos a quienes debe mantener unidos y fieles.

Pero vale preguntar ahora, ¿con Maquiavelo la política tiene entonces una acepción a-moral, es decir, una auto-justificación perenne, per se? Aparentemente así sería, mas vale advertir que Maquiavelo no escribe delineando una tiranía, de ahí que se revele como inapropiado el concepto «maquiavelismo» como sinónimo de perversidad. Cuando Maquiavelo reflexiona en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, acerca de las formas de gobierno, reconoce tres formas buenas y tres malas. Las primeras son: el principado, el de los poderosos y el popular. Las formas de gobierno malas surgen de la corrupción de cada una de las anteriores, advierte el riesgo (indeseable para él) de que el principado se convierta en tiranía o despotismo, el de los poderosos en oligarquía y el popular en anarquía.

Por eso en la política realista de Maquiavelo debe apreciarse el objetivo último en la conducción a buen puerto de la vida de los hombres coexistiendo en colectividad a través de una convivencia ordenada y libre. El soporte que permite el ejercicio del poder es la institución llamada «Estado», y hay que encaramarse en él para estar en una posición de privilegio, de poder. Puede sugerirse, así, que más que divorciar mediante una antítesis la Ética de la Política, lo que Maquiavelo hace es distinguir aquello que ya se había separado (no divorciado) con respecto a la unión esencial planteada por Aristóteles.

El sentido político y moral de las nociones de ‘Izquierda’ y ‘Derecha’

Ahora bien, la idea de comunidad se ve alterada en el esplendor de la modernidad. Con las grandes transformaciones sociales, técnicas y políticas se trastoca el sentido clásico y renacentista de la comunidad ya que se agudiza la individualización de la otrora polis. El ascenso del liberalismo rompe la homogeneidad comunitaria y emerge un individuo que tiende sólo a ver por sí mismo.

La forma de la representación política hace que el individuo ya no actué directamente sino sólo a través de su delegado en el parlamento. Pero aún más riesgoso es el hecho de que el ascenso y consolidación del capitalismo absorbe a la política, y con ello, a la comunidad. Es ese el sentido que impulsa a una de esas grandes transformaciones, a la revolución francesa, emblema de revolución burguesa para suplantar a un régimen feudal.

Justamente a raíz de ese movimiento, se han abanderado los conceptos de ‘Izquierda’ y ‘Derecha’, desde su acuñamiento allá durante las asambleas de la revolución francesa; el capitalismo divide a la política en posiciones geométricas: a la izquierda las causas de la humanidad desprotegida en aras de un progreso social de igualdad; a la Derecha, las causas de los poderosos que desean conservar sus privilegios.

Ahora bien, recientemente se ha tratado de imponer la idea de que han desaparecido estas categorías, que con el fin del pseudo-socialismo soviético y el «fin de la historia» proclamado por Fukuyama, lo único que habría que seguir es el camino de la economía de libre mercado (es decir, el neoliberalismo) y la democracia liberal-procedimental. Por lo tanto, si ya no tendría sentido la Izquierda, la Derecha, en su plenitud no debe ser más justificada.

Empero, como ha sido señalado por Bobbio[21], los conceptos de ‘Izquierda’ y ‘Derecha’, lejos de ser obsoletos están presentes en la definición de las estructuras económicas, sociales y políticas que especifican el rumbo de la sociedad mundial, y también la nacional. Si bien, reconoce el mismo Bobbio —citando a Revelli—[22], Izquierda y Derecha no son nociones absolutas ni estáticas, sino relativas y dinámicas, sí ayudan, empero, a definir las posiciones en torno a las cuales se ha caracterizado históricamente la tensión irreconciliable entre progresismo y conservadurismo.

La Izquierda es aquella posición que, con un influjo rousseauniano, busca refrendar las bondades de una sociedad igualitaria, mas no uniforme, al reconocer la capitalidad de la libertad. Promueve entonces, un esquema social horizontal. Frente a los efectos de la economía contemporánea, la Izquierda no debería hacer tantas concesiones que de facto, parece venir haciendo.

En oposición, el conservadurismo, es decir, la Derecha, plantea la perpetuación de un orden social vertical, jerárquico, donde priva la desigualdad económica, social y política. La Derecha se siente cómoda, pues, con un orden social así como el actual, que polariza el ingreso, depaupera las condiciones laborales, privatiza los bienes nacionales y la riqueza, socializa las pérdidas, excluye a millones de jóvenes de la posibilidad de la educación, convirtiendo ésta en una mercancía más, etcétera.

Así, pues, la tensión entre ambas posiciones no puede suprimirse, en medio de un orden mundial que privilegia la exclusión y la desigualdad más oprobiosas.

Como bien se sabe, a pesar de las controversias lingüísticas, el liberalismo contemporáneo se ha refrescado con el neoderechismo económico. Ello ha sido levantado gracias a la implementación de medidas que pasan por encima de la voluntad general de la sociedad. Se borra la búsqueda del consenso y la comunidad queda marginada ante las decisiones que toma una minoría tecnócrata, la cual responde a los dictados de las leyes del mercado, mas no conoce la prudencia maquiavélica ni la virtud aristotélica para generar marcos de desarrollo a la comunidad, y ni siquiera, a aquellos hombres que se afanan en sus labores. Sencillamente se exacerba la explotación. Como comenta Martinelli, «Esta especie niega la política y desprecia la participación popular: son "maquiavelistas" vulgares y para ellos el fin sí justifica los medios. Un neologismo no muy feliz los caracteriza como "neoliberales" aunque de liberales tengan poco y de conservadores mucho».[23]

Hoy por hoy, en distintas relaciones como las que se dan entre individuos, grupos sociales, así como entre países, se ha impuesto la idea de que la Izquierda ha quedado arredrada. El golpe ideológico del desmoronamiento del proyecto soviético, a pesar de las falencias internas, ha sido eficaz para hacer parecer que «no tiene sentido» seguir luchando por esa igualdad libertaria.

No obstante, un reconocimiento crítico, es decir, verdaderamente analítico, no hace más que revalidarnos la ineluctable necesidad de reconsiderar la díada Izquierda-Derecha para actuar socialmente y contener los efectos del orden prevaleciente. ¿Por qué? Sencillamente por que resulta inaceptable moralmente asumir acríticamente la prolongación de un orden que divide, polarizándolas, a las comunidades y a los hombres.

Bobbio halla la gran distinción entre Izquierda y Derecha sobre el criterio de las posiciones en torno a la igualdad. Si bien, como indicamos arriba, esta noción es toral, nos sumamos a Sánchez Vázquez cuando señala: «[...] nos permitimos discrepar de Bobbio [...] al considerar insuficiente este criterio único y completarlo con el de la libertad.»

[Y aun más], la distinción política de derecha e izquierda tiene que echar mano de otros criterios que permitan definir estas posiciones ante múltiples referentes, como son: Estado y sociedad civil, relaciones de propiedad, papel del mercado, reivindicaciones de las minorías étnicas nacionales o sexuales; relaciones diversas: entre el hombre y la naturaleza, la iglesia y el Estado o entre las naciones, así como políticas concretas: de bienestar social, fiscal, laboral, científica, educativa, artística, etcétera.[24]

Es decir, tomando como fundamento la libertad y la igualdad, la diferencia entre Izquierda y Derecha implica una cosmovisión distinta cerca de la idea de hombre con que se proyectan las decisiones en el terreno político específico. Pero aún más, ser de Izquierda o de Derecha, tiene que ver con un decisión más profunda, tiene qué ver con una visión de la vida misma, tácita o expresa. Es por ello que ser es también estar. «Ser de izquierda —o más exactamente estar a la izquierda— sigue significando hoy asumir con un contenido concreto, efectivo, ciertos valores universales: dignidad humana, igualdad, libertad, democracia, solidaridad y derechos humanos, cuya negación, proclamación retórica o angostamiento han sido siempre propios de la práctica política de derecha».[25]

Ello podría conducir hacia una breve disquisición sobre el rumbo que la política define en el plano realmente existente, cuando se plasma en condiciones de vida para la comunidad. O en otros términos, la ruta hacia el progreso que tienen las sociedades. Y en este ámbito, debemos reconocer que no se ha seguido un trayecto precisamente definido hacia la humanidad. Por eso quizá, Rodríguez Araujo cuestiona la idea de progreso ante resultados y experiencias históricas endebles como el soviético, el macartismo, la militarización de la «libertad», la mercantilización de la democracia, la manipulación y apropiación que se hace de la técnica y sus frutos, la violación de los derechos humanos fundamentales, o la cosificación de la vida contemporánea. Por tales motivos, y más, parece que «Ciertas izquierdas y algunas ultraderechas ven en los defensores del progreso y en el progreso mismo un adversario o un enemigo. La idea de progreso, en las sociedades capitalistas [...], supuso y supone, por otro lado, una mayor jerarquización de la sociedad, es decir mayores desigualdades, particularmente visibles en el mundo capitalista».[26]

Pero sobre esta afirmación, consideramos que no debe situarse el progresismo únicamente sobre el progreso económico o técnico; éstos, como tales, son neutros en términos morales, y así, proclives a una modulación virtuosa o perversa. Los instrumentos técnicos de los cuáles se valgan los regímenes políticos no son en sí materia de apreciación moral, sino justamente el sentido hacia el cual encaminen los regímenes esos instrumentos. Así, por ejemplo, Estados Unidos o China pueden ufanarse de ser, uno el país más rico del mundo, al producir un veinticinco por ciento de la riqueza mundial, o la otra, experimentar tasas extraordinarias de crecimiento y avance tecnológico. Sin embargo, en ambos casos, no destacan precisamente por su desarrollo en cuanto a la moral. U otro escenario como el de México y la América mestiza en general, donde la ausencia de progreso material predispone a las mayorías a la miseria no sólo material, sino espiritual. El mismo Rodríguez Araujo alcanza a apreciar esto cuando advierte: «El progreso tiene víctimas. El no progreso también».[27]

Así, Derecha e Izquierda en cuanto al progreso, se definen últimamente en torno al progreso moral, entendido como la ampliación de la libertad y conciencia que el sujeto tiene sobre sí y su acción. Si bien, es obvio que para que exista un progreso moral, debe darse paralelamente un avance en materia de progreso histórico[28], a partir del crecimiento en la producción material (crecimiento y desarrollo económico), de la organización social (desarrollo político) y de la cultura. El plantear que el progreso histórico crea las condiciones necesarias (pero insuficientes per se) para el progreso moral, no es más que retomar una idea netamente aristotélica acerca de la felicidad a la cual tienden los hombres por naturaleza. Recuérdese que para Aristóteles, sin libertad y sin condiciones materiales de vida que les permitieran a los hombres desembarazarse de la necesidad, la felicidad quedaba impedida.

En última instancia, seguimos siendo sujetos políticos, quizá no ya en el sentido originario clásico griego. Pero sí en cuanto a la participación que se desempeña durante la vida cotidiana. No todo mundo se dedica enteramente a la actividad de la persecución y mantenimiento del poder, pero sí somos afectados por las decisiones que, mediante políticas públicas, se toman en esta esfera. Y mientras no se sea invulnerable a estos efectos, se tiene una responsabilidad por el aval que se le dé a uno u otro sentido de esas decisiones, de Izquierda o de Derecha. De tal forma que se actúa políticamente en la acción consciente, pero también en la omisión, ya que quien no ejerza sus derechos y obligaciones políticas, o quien se desinteresa, por omisión avala tácitamente la conservación del orden establecido, y así, stricto sensu, se vuelve conservador y de derecha, al no decantarse hacia una transformación de ese orden.

Observaciones finales

En estas páginas se ha intentado plantear la relación entre Ética y Política. A través de concepciones como la aristotélica y la maquiavélica, en las que puede apreciarse la preocupación por el sentido de la comunidad y cómo en aras de darle un orden y una proyección se erige la Política como la actividad encargada de encauzar a la sociedad hacia un orden en el cual los hombres son posibles, pueden hacerse, y para ello, deben mantenerse en el apego a las decisiones del Estado, como expresión o síntesis de la voluntad general.

También se puede apreciar cómo en la época contemporánea ese fin de la política se ha desvirtuado hacia la mera administración de los intereses particulares de los poderosos, en demérito franco de las mayorías marginadas de todo desarrollo.

Por eso es alarmante presenciar, en ocasiones involuntariamente, las condiciones coyunturales de nuestra realidad política, caracterizada por campañas electorales plagadas de artimañas y embustes, halladas en las antípodas de la moral. Pero ello es, justamente, materia de reflexión de la Ética sobre la cual ofrecimos brevísimas consideraciones. Vale preguntarse, por ejemplo, si es certero apelar a la libertad de expresión si ésta se plasma en expresiones mentirosas y calumniosas encaminadas hacia la manipulación de una sociedad envuelta por la difusión mediática.

La derecha mexicana está muy activa hoy en día. En años recientes, es evidente la premeditación para generar un clima violento que se asocie con la Izquierda, parece ser el claro objetivo de un régimen que se encamina hacia la procuración de la manutención del poder a costa de lo que sea. No importa si se llega con las manos sucias; al parecer ciertos actores de la Derecha mexicana asumen que el fin sí justifica todos los medios. Mas olvidan, o probablemente ignoran, que Maquiavelo no procura a un gobernante que se sitúe dictatorialmente por encima de su pueblo; el florentino no propone una tiranía, y bien le advierte al príncipe que si acaso no pueda ser amado, procure ser temido, pero también le advierte que se cuide de ser odiado, por que en el exceso puede implicarse su declive. Vale la pena subrayar eso, Maquiavelo no valida un abuso ciego del poder, que devendría el odio del pueblo hacia el príncipe, quien se degradaría hacia un despotismo. Ante acontecimientos contemporáneos y recientes de nuestro país, vale preguntar: ¿el ciudadano de hoy, respeta, teme u odia a sus gobernantes? Es claro que, salvo escasísimos casos, no tiene sentido preguntar si se les ama.

De ahí mi última insistencia en revalorar a la Izquierda, criticándola, revisándola y discutiéndola para poder hacer frente efectivo a la ola que lucra políticamente con la abulia, el desinterés y el hartazgo por un espacio que es de todos y en el cual no tenemos decisión activa: la comunidad y su rumbo.

Así, sólo ejercitando nuestros derechos y ganando mayores espacios de acción se podrá avanzar en pos de una sociedad más justa, o acaso menos desigual. Bien vale reconsiderar los anhelos más profundos de la Izquierda, la necesidad de transformar a la sociedad, justo hoy que ello es más necesario. ¿O no debiera ser en nuestra sociedad, una impronta la búsqueda por rebasar los sometimientos contemporáneos por la libertad de todos?

¿Olvidamos la ambición de la transformación del mundo, y nos contentamos o adaptamos a la democracia liberal? No, por que se puede ser, a la vez, demócrata y revolucionario.

Obras consultadas:

Aristóteles. Ética nicomáquea. Trad. y notas Julio Pallí Bonet. Madrid, Gredos, 2000.

Aristóteles. Política. Introd., versión y notas Antonio Gómez Robledo. México, UNAM, 2000.

Bobbio, Norberto. Derecha e izquierda. Trad. Alessandra Picone. Madrid, Punto de lectura, 2001.

Bobbio, Norberto. “Política y moral”, en Nexos, núm. 172. México, abril, 1992.

Echeverría, Bolívar. Las ilusiones de la modernidad. México, UNAM/El Equilibrista, 1995.

Machiavelli, Niccolò. El príncipe. Trad. Eli Leonetti Jungl. Barcelona, Planeta-DeAgostini, 1995.

Martinelli, José María. «En defensa de Maquiavelo», en Memoria, núm. 117. México, noviembre, 1998.

Meyer, Lorenzo. «Ética y política», en González, Juliana y Landa, Josu (coords.). Los valores humanos en México. México, Siglo XXI, 2001.

Rodríguez Araujo, Octavio. Derechas y ultraderechas en el mundo. México, Siglo XXI, 2004.

Sánchez Vázquez, Adolfo. Ética. Barcelona, Crítica, 1999.

Sánchez Vázquez, Adolfo. «Izquierda y derecha en política: ¿y en la moral?», en Sánchez Vázquez, Adolfo. Entre la realidad y la utopía. México, FCE, 1999.

Sartori, Giovanni. La política. México, FCE, 1984.

Villoro, Luis. El poder y el valor. México, FCE, 1997.



[1] «Es [...] necesidad, por razones de seguridad, la unión entre los que por naturaleza deben respectivamente mandar y obedecer». Aristóteles. Política, 1252a30.

Vale advertir que cuando apunta «por naturaleza», Aristóteles está respondiendo a una determinación social de su época, la cual no logras trascender y que le lleva a confundir la convención social histórico-transitoria con la naturaleza humana.

[2] Aristóteles. Op. cit., 1252b30. Subrayado mío.

[3] Ibid, 1253a

[4] Ibidem

[5] Ibid, 1253a15. Subrayado mío.

[6] Ibid, 1253a30. Subrayado mío.

[7] Ibidem

[8] Aristóteles. Ética nicomáquea, L. I, 1095a5-7

[9] Ibid, L. I, 1094a20

[10] Ibid, 1094a-1094b5

[11] Ibid, 1094b5

[12] Maquiavelo, Nicolás. El príncipe, p. 109.

[13] Sartori, Giovanni. La política, pp. 206-207. Cursivas y subrayado originales.

[14] Por eso se le concibe como el padre de la ciencia política moderna.

[15] Maquiavelo, op. cit: 116.

[16] Ibid, pp. 116-117. Subrayado mío.

[17] Ibid, p. 121.

[18] Cfr. Martinelli, José María. «En defensa de Maquiavelo»

[19] Maquiavelo, Nicolás. El príncipe, p. 110.

[20] Ibid, p. 115.

[21] Cfr. Bobbio, Norberto. Derecha e izquierda, introd. y cap. 1.

[22] Cfr. Ibid, p. 125.

[23] Martinelli, José María. «En defensa de Maquiavelo», p. 3.

[24] Sánchez Vázquez, Adolfo. «Izquierda y derecha en política», p. 148.

[25] Ibid, pp. 148-149.

[26] Rodríguez Araujo, Octavio. Derechas y ultraderechas en el mundo, p. 18.

[27] Ibidem.

[28] Cfr. Sánchez Vázquez, Adolfo. Ética, p. 53 y ss.


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